Los precios de los combustibles en Honduras siguen presionando el presupuesto de los hogares por su efecto sobre el transporte, la distribución de productos y los servicios.
Distintos sectores atribuyen el impacto a la dependencia de derivados del petróleo importados, la carga impositiva y la volatilidad del mercado internacional.
La Asociación Hondureña de Distribuidores de Productos del Petróleo (Ahdippe) sostuvo que la percepción de aumentos anticipados en las estaciones de servicio se relaciona con la ausencia de un sistema de control de inventarios.
Su directora ejecutiva, Saraí Silva, explicó que el mecanismo vigente regula la estructura del precio final que se publica semanalmente.
Según Silva, eso provoca interpretaciones de que los incrementos se aplican antes de la fecha oficial. Añadió que el comportamiento de los combustibles en Honduras responde principalmente a factores externos y que, mientras el país continúe dependiendo de la importación de derivados del petróleo, las variaciones internacionales seguirán impactando en los precios internos.
Para la Asociación de Defensores de los Consumidores Artículo 19, el ajuste más reciente representa un golpe para la economía familiar. Su presidente, Darwin Ponce, calificó el incremento como un “trancazo” para los hondureños y sostuvo que no existen condiciones que justifiquen trasladar nuevas alzas al consumidor final.
Rechazo a los incrementos
Ponce afirmó que uno de los principales elementos que continúan elevando el precio de los combustibles es la carga impositiva aplicada en el país. A su juicio, mientras no se revisen esos componentes, será difícil reducir el impacto económico que enfrentan los ciudadanos cada semana.
El dirigente expresó además dudas sobre las proyecciones oficiales de inflación. Consideró que las cifras estimadas no reflejan el comportamiento del costo de vida que experimentan a diario las familias hondureñas, sobre todo cuando productos y servicios básicos aumentan de precio por el encarecimiento de los combustibles.
El alza de los combustibles no repercute solo en quienes tienen un vehículo particular. Su impacto alcanza a casi todas las actividades productivas.
El transporte de alimentos, medicinas, materiales de construcción y mercancías depende en gran medida del diésel y la gasolina. Cuando estos insumos aumentan de precio, también suben los costos logísticos y muchas empresas trasladan parte de ese gasto al consumidor.
El transporte público, los servicios de carga, la agricultura y pequeños emprendimientos también enfrentan mayores costos operativos, lo que reduce los márgenes de rentabilidad y afecta la capacidad de compra de la población.









