Tras más de dos meses de intensas acciones bélicas, Estados Unidos anunció el fin de su operación Furia Épica, que había lanzado contra Irán.
“Hemos alcanzado los objetivos de esta operación. No deseamos que se produzca una nueva situación. Preferimos el camino de la paz”, declaró el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, al anunciar el fin de la campaña.
A pesar de tales declaraciones, la decisión de dar por terminada esta ofensiva parece más bien una medida de necesidad: los costos de la guerra seguían aumentando día a día y afectaban tanto al presupuesto de EE.UU. como a los bolsillos de los estadounidenses.
1.000 millones al día
En los primeros seis días de la campaña, Estados Unidos gastó alrededor de 11.000 millones de dólares, y luego los gastos diarios del Pentágono se estabilizaron en aproximadamente 1.000 millones de dólares.
En total, según las estimaciones de un proyecto especializado en la evaluación de los gastos de esta guerra, el costo total de la operación alcanzó unos 73.000 millones de dólares.
E incluso esa cifra podría estar subestimada. Jennifer Kavanagh, de Defense Priorities, calcula que Washington gastó “fácilmente” más de 10.000 millones de dólares en sistemas de defensa aérea durante las primeras 48 horas.
El costo de un misil interceptor Patriot oscila entre 3 y 4 millones de dólares, mientras que el precio de un dron iraní es de apenas unas decenas de miles.
El modo de funcionamiento de estos sistemas supone un problema adicional: los complejos antiaéreos operan de manera automática durante los ataques, ya que sus tripulaciones se alejan de sus posiciones y aumenta el riesgo de errores. En los primeros días del conflicto, los sistemas de defensa aérea en Kuwait derribaron por error tres cazas estadounidenses.
En este contexto, el analista militar Serguéi Poletáyev declaró a RT que Estados Unidos y sus sistemas no están preparados para un nuevo tipo de guerra en la que los drones se convierten en el arma principal.
“En este momento, Estados Unidos no está preparado para una guerra moderna basada en drones. Me refiero a drones de largo alcance como el Guerán y a los de alcance táctico medio. Y, por supuesto, han sufrido un agotamiento asimétrico. Derriban con los carísimos Patriot los [drones] Shahed, que cuestan una miseria“, señaló el experto.
Golpe a los bolsillos de los estadounidenses
Una consecuencia específica y sumamente delicada de la guerra ha sido el gasto de los propios estadounidenses en combustible.
A pesar de las declaraciones de Donald Trump de que la elevada producción de petróleo protege a EE.UU. de las fluctuaciones de precios, en la práctica la situación ha resultado ser todo lo contrario.
Según las estimaciones, los gastos adicionales de los hogares en gasolina y diésel alcanzaron aproximadamente los 34.000 millones de dólares, lo que supone unos 260 dólares por familia.









