Ahí tenéis por ejemplo a la rana marsupial cornuda (Gastrotheca cornuta) un simpático batracio con aspecto de extraterrestre que, después de haber desaparecido durante más de una década, ha dado recientemente una alegría a los conservacionistas al dejarse ver de nuevi en una remota región del oeste de Ecuador, tal y como comentaron en National Geograhic. Si su aspecto te parece extraño, sus hábitos no lo son menos ya que es el único anfibio del que se sepa que porte a sus crías en una bolsa, que lleva a sus espaldas. De ahí el sobrenombre de “marsupial”, que obviamente solo es descriptivo (los marsupiales son una infraclase de mamíferos), pero que me sirve para recordaros un hecho que a veces se olvida: también hay marsupiales en Sudamérica.
La tortuga gigante de Fernandina (Chelonoidis phantasticus) es como su nombre indica, un quelonio muy grande endémico de la isla de Fernandina (Galápagos). Hacía más de 100 años que no se observaba ningún ejemplar en la isla, razón por la que se pensó que se había extinguido. Y hete aquí que este mismo año se ha encontrado una hembra solitaria. ¿Habrá algún macho que la corteje? En eso están los científicos, buscándole algún novio, porque de lo contrario nuestra hembra – seguramente centenaria – se llevará con ella el último acervo genético de su especie.

Y ahora hablemos del Celacanto (Latimeria chalumnae). Cuando yo era un niño, en uno de aquellos primeros libros sobre animales que cayó en mis manos de la colección Vida íntima de los animales, se hablaba ya de un extraño pez que había sobrevivido desde el Cretático hasta nuestros días. Cuando se capturó un ejemplar vivo en 1938, los científicos sudafricanos que lo examinaron no daban crédito, porque hasta ese momento, el resto de ejemplares vistos de este gran pez acorazado eran fósiles de hace 400 millones de años. Hoy sin embargo, este superviviente sí está en peligro a causa de las prospecciones petrolíferas cercanas a la costa de Sudáfrica, uno de sus últimos refugios.








