Construir megacárceles, aplicar el “modelo Bukele”, designar a los grupos criminales como organizaciones terroristas: en casi todos los países de América Latina corren estas propuestas para intentar responder a la demanda de la sociedad ante los altos índices de crimen y violencia. Y estas ideas son más efervescentes cuando hay campaña electoral. Brasil, que este domingo celebrará elecciones presidenciales, no es la excepción en cuanto a estas apuestas. Sin embargo, las características específicas del crimen organizado en el vasto territorio brasileño exigen una respuesta bastante más compleja, dicen los especialistas consultados por CNN.
Este domingo, más de 158 millones de brasileños estarán habilitados para votar en las elecciones generales de Brasil, donde se elige al próximo presidente y se renueva parte del Congreso y de los gobiernos estatales.
“Las encuestas muestran que la seguridad es la principal preocupación de los electores”, dice a CNN Gabrien Funari, que dirige el Observatorio de economías ilícitas en la cuenca amazónica de Global Initiative Against Transnational Organized Crime (GI-TOC), una organización que investiga el crimen organizado. Y eso tiene sentido: “Hay estudios que muestran que en Brasil entre 50 a 70 millones de personas viven en localidades donde la autoridad de gobernanza es un grupo criminal. El grupo que establece reglas, que resuelve disputas entre comunidades”, explica el especialista, y resalta: “Estamos hablando de por lo menos el 25 % de la población.
De hecho, una encuesta de Quaest de agosto detectó que el 33 % de los brasileños consideraba la violencia como el principal problema del país.









