Meta atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente: mientras enfrenta un juicio en California que podría tener consecuencias millonarias y modificar las reglas para las grandes plataformas tecnológicas, sus gafas inteligentes también están bajo presión en Reino Unido, donde los cines analizan restringir su uso por temor a la piratería.
El proceso judicial se desarrolla en un tribunal federal de Oakland y enfrenta a Meta con una coalición de estados de Estados Unidos que acusa a la compañía de haber diseñado Facebook e Instagram para mantener a niños y adolescentes conectados durante más tiempo, además de cuestionar la información proporcionada sobre los riesgos de sus plataformas.
La dimensión económica del juicio es enorme. Según el reporte, Meta estima que las posibles sanciones podrían alcanzar hasta 1,4 billones de dólares, aunque esa cifra representa un máximo teórico y especialistas consideran improbable que una eventual resolución llegue a poner en riesgo la supervivencia de la compañía. El caso, sin embargo, podría establecer un precedente para otras empresas tecnológicas que enfrentan demandas similares.
Al mismo tiempo, las gafas inteligentes de Meta, desarrolladas en colaboración con Ray-Ban y Oakley, enfrentan un nuevo frente de batalla. Los dispositivos incorporan cámaras capaces de grabar fotografías y videos desde la perspectiva del usuario, una función que ha despertado preocupación por posibles grabaciones sin consentimiento y por el uso de la tecnología para vulnerar la privacidad.
Ahora el problema llegó a las salas de cine británicas. Los operadores estudian restringir o prohibir el uso de estas gafas debido al temor de que puedan utilizarse para grabar películas y transmitirlas ilegalmente, convirtiéndose en una nueva herramienta para la piratería. La medida todavía no constituye una prohibición general, pero se suma a las restricciones que ya enfrentan estos dispositivos en otros espacios, incluidos los tribunales de Inglaterra y Gales.
Meta sostiene que sus gafas cuentan con una luz indicadora que permite advertir cuando están grabando y con mecanismos destinados a impedir que esa señal sea bloqueada o manipulada. Sin embargo, la controversia crece y coloca a la compañía ante un desafío que va más allá del dinero: demostrar que sus nuevas tecnologías pueden convivir con la privacidad, los derechos de autor y las normas de seguridad. El juicio en Estados Unidos y la posible prohibición de sus gafas en cines británicos muestran que el futuro de Meta podría estar marcado tanto por los tribunales como por los límites que los espacios públicos comienzan a imponer a la tecnología.









