Los gritos de personas atrapadas bajo edificios derrumbados se han convertido en el sonido que domina amplias zonas de La Guaira, el estado costero que sufrió el mayor impacto de los terremotos que sacudieron Venezuela. Más de doce horas después de los sismos, vecinos y familiares continúan removiendo escombros con herramientas improvisadas mientras reclamaban la llegada urgente de rescatistas y maquinaria pesada.
En Playa Grande, una de las áreas más castigadas, Amir, un adolescente de 16 años, permanecía atrapado bajo los restos de un complejo residencial. Su rostro y parte del torso seguían visibles entre las estructuras colapsadas, pero el peso de los escombros dificultaba cada vez más su resistencia.
“No te vayas, no me dejes”, repetía el joven a quienes intentaban acompañarlo desde el exterior. Con el paso de las horas, su preocupación aumentaba.
“Yo creo que quedo inválido. Cada vez se pone más pesado”, dijo mientras esperaba una ayuda que todavía no llegaba hasta el lugar donde permanecía inmovilizado.
El adolescente se encontraba junto a su padre cuando comenzaron las sacudidas. Desde entonces no ha vuelto a saber de él.
La situación se repetía en distintos sectores de Catia La Mar. Entre edificios derruidos, columnas fracturadas y montañas de concreto, los vecinos intentaban localizar a familiares desaparecidos guiándose únicamente por voces que emergían desde debajo de los escombros.
“Ayuda”, “auxilio” y “ayúdenme, por favor” eran algunas de las frases que se escuchaban desde estructuras parcialmente colapsadas. En varios casos, quienes permanecían atrapados respondían a los llamados de familiares o residentes que trataban de identificar su ubicación.
En uno de los edificios afectados, un vecino preguntó a una persona atrapada: “¿Dónde estás? ¿Cómo te llamas?”. La respuesta llegó desde el interior de la estructura destruida. “Piso 1”, contestó la víctima, que llevaba cerca de medio día esperando ser rescatada. Cerca de ella se encontraba el cuerpo sin vida de una mujer.









