Peligra el partido de repesca del Mundial de Estados Unidos, México y Canadá que deberá disputar Irak. La selección asiática ha solicitado a la FIFA que se aplace y se establezca un plan alternativo ante la escalada del conflicto en Medio Oriente.
Irak debe disputar la eliminatoria contra el ganador del partido entre Surinam y Bolivia en Monterrey (México) el próximo 31 de marzo con el objetivo de clasificarse para su primera Copa del Mundo desde 1986. Sin embargo, su preparación se ha visto sumida en el caos por la ampliación del conflicto en la zona tras los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán y la respuesta de este país a los de su entorno.
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El espacio aéreo iraquí no se reabrirá hasta el 1 de abril, por lo que la mitad de la plantilla, que se encuentra en la capital Bagdad, no puede viajar. Mientras tanto, el seleccionador, el australiano, Graham Arnold está atrapado en Dubái. “Por favor, ayúdennos con este partido, porque ahora mismo estamos luchando por sacar a nuestros jugadores del país“, declaró Arnold a la agencia de noticias austriaca ‘AAP’.
Según el diario The Guardian, Irak ha solicitado formalmente a la FIFA que posponga el partido tras rechazar la propuesta del ente rector del fútbol mundial de realizar un viaje por carretera de 25 horas a Turquía antes de volar a México para disputar el encuentro.
El periódico también afirmó que varios jugadores y miembros del cuerpo técnico de la selección iraquí aún no han recibido los visados para México o Estados Unidos, donde tenían previsto realizar una concentración de entrenamiento en la ciudad estadounidense de Houston.

Así marcha la situación bélica en Medio Oriente
La guerra en Medio Oriente continúa generando inestabilidad en varios países de la región y sus efectos no solo se reflejan en el ámbito político y humanitario, sino también en el deporte. El fútbol, una de las principales expresiones sociales en la zona, ha sufrido interrupciones, cancelaciones de torneos y la reubicación de partidos internacionales.
Uno de los conflictos que más impacto ha tenido en el fútbol regional es la guerra entre Israel y el grupo Hamás en la Franja de Gaza. Desde el inicio de la escalada del conflicto, varias ligas locales suspendieron temporalmente sus campeonatos y muchos estadios se utilizaron como centros de apoyo o refugio para la población.
La selección nacional de Israel también se ha visto obligada a disputar varios partidos oficiales fuera de su territorio por razones de seguridad. La UEFA reprogramó encuentros y trasladó sedes para evitar riesgos, lo que alteró el calendario competitivo de sus torneos internacionales.
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El impacto también alcanza al fútbol palestino. En Palestina varios clubes han tenido que detener sus actividades debido a los daños en infraestructura deportiva y la imposibilidad de movilizar jugadores entre ciudades o territorios. La federación local ha denunciado que campos de entrenamiento y estadios quedaron inutilizables.
Otro conflicto que sigue generando tensión en la región es la guerra en Siria, que durante años debilitó su estructura futbolística. Aunque algunas competiciones se han reanudado, muchos clubes siguen enfrentando dificultades económicas, falta de patrocinio y limitaciones para participar en torneos continentales.

En Líbano, la tensión en la frontera con Israel también ha obligado a reforzar medidas de seguridad en partidos de la liga local. Algunos encuentros se han disputado sin público o con horarios modificados para evitar riesgos en medio de la incertidumbre regional.
Las competiciones continentales organizadas por la Confederación Asiática de Fútbol también han tenido que adaptarse. En torneos como la Liga de Campeones de la AFC varios clubes de la región han tenido que jugar en sedes neutrales o viajar con estrictos protocolos de seguridad.
A nivel de jugadores, algunos futbolistas extranjeros que militaban en clubes de países cercanos a zonas de conflicto decidieron rescindir sus contratos o solicitar salidas anticipadas. Esto ha afectado la calidad competitiva de algunos equipos y ha generado incertidumbre en el mercado de fichajes regional.
Pese al contexto complicado, ligas con mayor estabilidad económica, como la de Arabia Saudita o Qatar, han continuado su desarrollo con normalidad relativa. Estos países incluso han captado a futbolistas que buscan competir en entornos más seguros dentro de la misma región.
En medio de la crisis, el fútbol sigue siendo visto por muchos como un espacio de unión y esperanza para las poblaciones afectadas. Sin embargo, mientras los conflictos armados persistan en Medio Oriente, el desarrollo normal del deporte seguirá condicionado por la seguridad, la política y la estabilidad social de cada país.
Postura de la FIFA ante el Mundial y la guerra
La postura de la FIFA frente al conflicto en Medio Oriente ha sido, hasta ahora, mantener una línea de neutralidad institucional. El organismo que rige el fútbol mundial ha reiterado que su papel no es resolver disputas políticas o militares, sino promover el deporte como un espacio de unión entre países.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha insistido públicamente en que el fútbol debe ser un puente de diálogo y no un escenario de confrontación. En varias declaraciones ha señalado que la organización “no puede resolver problemas geopolíticos”, pero sí puede promover valores de paz y cooperación a través del deporte.
A pesar de la presión internacional para sancionar a Israel por la guerra en Gaza, la FIFA decidió no suspender a su federación ni excluir a sus equipos de torneos internacionales. La decisión fue tomada en el Consejo del organismo tras evaluar las solicitudes de varias federaciones y organizaciones que pedían medidas disciplinarias.
Infantino incluso ha señalado que expulsar a una selección por decisiones políticas de su gobierno sería “una derrota para el fútbol”, defendiendo que las selecciones nacionales deben competir independientemente de los conflictos políticos.

En paralelo, la FIFA ha intentado proyectar una imagen de mediación y reconstrucción. En 2026 anunció programas deportivos y de infraestructura para apoyar la recuperación del fútbol en territorios afectados por la guerra, especialmente en Palestina.
Sin embargo, el conflicto sí ha generado tensiones alrededor del Copa Mundial de la FIFA 2026, que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá. Algunos grupos y federaciones han pedido boicots o sanciones a selecciones vinculadas al conflicto.
Uno de los escenarios que genera incertidumbre es el caso de Irán. Las tensiones militares recientes con Estados Unidos e Israel han provocado dudas dentro de su propia federación sobre la participación del equipo en el Mundial, lo que podría alterar la lista de selecciones clasificadas.
Si una selección clasificada decide retirarse o no puede participar por razones políticas o logísticas, la FIFA tiene la facultad de reemplazarla por otro equipo según su reglamento del torneo, para garantizar que la competencia se desarrolle con normalidad.
Hasta ahora, el organismo ha reiterado que el calendario del Mundial 2026 no cambiará y que el torneo sigue en marcha como estaba previsto. Las autoridades confían en que las tensiones políticas no se trasladen al desarrollo del campeonato.
Aun así, el conflicto en Medio Oriente demuestra que el fútbol mundial no está aislado de la política internacional. Cada escalada militar, sanción o crisis diplomática puede tener efectos directos en selecciones, jugadores y torneos, incluyendo el evento deportivo más importante del planeta.
Con información de: EFE









