Las altas temperaturas y la sequía amenazan con una crisis láctea debido a la presión que están ejerciendo sobre las vacas lecheras de todo el mundo, lo que está agotando su producción y amenaza el suministro global a largo plazo de todo tipo de productos lácteos, desde la leche hasta derivados como la mantequilla o los yogures.
Expertos prevén que los volúmenes de productos lácteos se hundan en casi medio millón de toneladas métricas este año en el principal exportador de Australia, ya que los ganadores están abandonando la industria después de años de presión por las olas de calor. En India, los pequeños agricultores están invirtiendo en equipos de refrigeración que, como es lógico, elevan sus costes y repercutirán en los compradores.
Francia es uno de los más grandes ejemplos de esta crisis ya que los productores paralizando la elaboración de un tipo de queso de alta calidad cuando los campos secos dejaron a las vacas alimentadas sin ningún lugar para pastar ante la sequía. Además, algunas de las regiones productoras de leche más grandes del mundo están siendo menos benevolentes con este tipo de animales por el clima extremo como consecuencia del cambio climático.
Con este escenario de clima extremo, las vacas ya no producen tanta leche y las condiciones áridas de la tierra están agravando el problema al marchitarse la hierba, principal sustento de este tipo de animales cuando están al aire libre.
En Estados Unidos algunos científicos estiman que el cambio climático costará a la industria láctea alrededor de 2.200 millones de dólares al ño para un sector que, en muchas ocasiones, lucha por ser rentable tras el fuerte repunte de sus costes. De hecho, un estudio estima que los productores de lácteos y la industria cárnica perderán 39.940 millones de dólares por año debido al estrés que afrontan las vacas por el calor.
Por lo que advierten, en última instancia, precios mucho más altos y escasez de productos como quesos o yogures, entre otros.








