El actor Eli Young dice que tiene todo lo que necesita para vivir cómodamente dentro de su casa rodante: una ambulancia que le costó $5,000 y que él, con la ayuda de su familia, convirtió en un espacio para vivir.
“Cuando era niño mi mamá me regaló una van Volkswagen de juguete color naranja: quedé fascinado con ella, creo que eso influyó a que, después, comenzara a querer vivir en una van”, dijo.
Pero comprar una van en buen estado no es barato: “Los precios seguían creciendo, hasta que encontré en Internet que había una ambulancia en una subasta del gobierno: “Dije ¡wow! Tiene mucho más espacio que una van, y es más estable”.
Lo primero que hizo fue limpiarla: “Tenía vendajes, jeringas y todo tipo de líquidos. Pero la parte más complicada no fue esa: fue hacer el baño. Además de tubería, tenía que poner cables de electricidad, bomba de agua, el calentador… Pero valió la pena”.
“Para mi sorpresa la parte más fácil fue el piso de madera”, revela Young. “Si, tuve que cortar muy bien cada ángulo, y el diseño de la ambulancia no es nada parejo, pero lo hice en dos noches (de 6 pm a 4 am).
También, comentó que “para mí era importante que mi vivienda tuviera cada detalle que tenía el apartamento en el que vivía, pero sobre cuatro ruedas”, por eso incluyó un fregadero, que a la vez es su lavamanos, con un potente grifo.
Además de sofá, tiene dos asientos, para poder recibir visitas. También quitó la pared que separaba la cabina del resto de la ambulancia, creando solo un espacio.
Y a diferencia de otras viviendas rodantes que no cuentan con baño, el puso ducha (con dispensador de jabón y shampoo), así como también un inodoro portátil.
El inconveiente es, que cuando se baña, tiene que sacar el inodoro. Y que él mismo tiene que expulsar el contenido del retrete pues “a los siete días ya comienza a oler mal”.
Lugares multiusos
Young ha pensado en cada detalle: como la tabla de picar que guarda sobre el fregadero y, el asiento que está al lado de este, se convierte en una mesa multiusos: que usa para la estufa, para comer o para trabajar.
Arriba del sofá hay un compartimiento de donde saca la cama, a la hora de dormir. “Es muy cómoda”, comenta, “por eso le puse una espuma con memoria de más de 15 centímetros”.
Young dice que vivirá en su ambulancia hasta que se canse, o hasta que ahorre para comprar algo propio. “Simplemente no me gusta la idea de pagar renta: siento como que es dar mi dinero, para algo que no es mío”.
Actualmente él gasta entre $250 y $300 al mes en gasolina: “El mes que más gasté, fue cuando viajé de Ohio a Nueva York, porque fue un viaje largo, ahí le puse $500, pero eso no es ni la mitad de lo que pagaba en mi apartamento”.
Tampoco tiene que pagar electricidad, porque la ambulancia traía su inversor de corriente: “Se carga en una hora, y me dura dos días”, dice Young.
Con gusto compartió cómo lucía el interior de la ambulancia antes y cómo luce hoy.
Para sentirse seguro en su ambulancia, instaló varias llaves en cada puerta, y varias alarmas. “Nunca me acuesto a dormir si no las activo. Si alguien se acerca a la van o trata de abrir la puerta, se disparan. También dejé puesta la sirena de la van, si algo sucede la encendería de inmediato”.













