Después de haber aplicado un confinamiento mucho más flexible que el de sus vecinos europeos al principio de la pandemia, Holanda adoptó finalmente la mascarilla y otras medidas para hacer frente a la segunda ola de contagios del coronavirus.
El gobierno tuvo que cambiar finalmente de política y adoptar la mascarilla, una medida hasta ahora ignorada en gran medida y considerada ineficaz y contraproducente por los expertos de las autoridades sanitarias.
Llevarla está ahora “muy recomendado” en espacios públicos cerrados como tiendas, museos, estaciones de ferrocarril y aeropuertos.
En una calle comercial de La Haya, muy cerca del Parlamento, el cambio es notable: las mascarillas han hecho su aparición en el paisaje público.
“Me resulta incómodo pero la llevo porque no quiero que nos encierren”, dice Maria Houweling, educadora especializada de 48 años, que aboga porque sea obligatoria “para evitar que el virus se siga propagando”.
En Holanda, donde desde ahora está prohibido recibir a más de cuatro personas en casa o ir a un partido de algún deporte, las nuevas medidas han tenido una acogida tibia. El pragmatismo de los holandeses hace que las acepten, pero ¿por cuánto tiempo?
Ante el resurgimiento del nuevo coronavirus, los bares y restaurantes tienen que cerrar a las 22h00 (20h00 GMT), la hora más concurrida, dice con un “sentimiento de injusticia” Bas Swillens, gerente de dos establecimientos en La Haya.
“Todo el sector de la restauración está pasando por un año difícil. Y no sabemos qué esperar del futuro”, dijo a la AFP.








