El invierno pasado, una señora pescadora vio a un perro temblando de frío y con mucha hambre, justo enfrente de su tienda. La mujer, sin dudarlo, decidió calentarle un poco de comida y dársela. Nunca imaginó lo que recibiría a cambio.

Desde ese día, el perro visita siempre su tienda y la acompaña. Él se queda ahí sin molestar y, de hecho, cuando puede ayuda. Como una vez, cuando le intentaron robar a la señora y el can pudo frustrar el intento.

Los días pasaron, el perro se quedo, la mujer se encariño y bueno… ahora son muy buenos compañeros. Todos los días, el perro acompaña a la señora y espera. Son inseparables








