Es apenas un trozo rectangular de papel acerado confeccionado para usarse en una limpieza rápida de labios y descartarse. Nadie imaginó que sobre esa servilleta se redactaría uno de los documentos más importantes de la historia del deporte, lo que la convertiría en una codiciada pieza de colección.
Su historia se remonta al año 2000. En septiembre de ese año, un Lionel Andrés Messi de apenas 13 años desembarcó junto a su familia en el Aeropuerto El Prat para una prueba en el Barcelona que habían logrado conseguir sus primeros representantes en Argentina, Fabián Soldini y Martín Montero, y su contacto en España, el también rosarino Horacio Gaggioli.
La historia es ya conocida por los futboleros. El niño flaquito que no llegaba al metro cuarenta de altura y lidiaba con un tratamiento hormonal para el crecimiento deslumbró a todos con la pelota en los pies en los pocos días que pasó allí. Los Messi se volvieron a Rosario con la promesa de una oferta de contrato, pero las semanas comenzaron a pasar sin una definición.
El Barcelona andaba mal. Su fútbol no funcionaba y sus arcas estaban en crisis. A su presidente, Joan Gaspart, le parecía una locura apostar por un niño de 13 años.
Gaggioli comenzó a apurar una respuesta, con la amenaza de llevar a la pequeña joya a probarse a otro club. De hecho, por aquel tiempo dudaba si instalarse en la capital española y, en tal caso, habría llevado a Leo a probarse al Real Madrid, recuerda todavía hoy. CortesíaInfobae








