Las repercusiones de la reciente subida en la Tasa de Política Monetaria (TPM) no tendrán un efecto inmediato en el bolsillo de la población ni en el sector empresarial, sino que tardarán entre siete y nueve meses en reflejarse plenamente en el mercado, según concluye un informe presentado por el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep).
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El análisis hace referencia a la postura adoptada por el Banco Central de Honduras (BCH), entidad que elevó la TPM de 5.75 % a 6.0 % a partir del 21 de septiembre de 2026. Dicha decisión busca contrarrestar la escalada inflacionaria, absorber los choques derivados del costo de los carburantes y amortiguar desequilibrios frente a las alzas en los rendimientos fijados por la Reserva Federal de Estados Unidos (FED).
Consecuencias directas para la producción y las familias
Mauricio Elvir, representante del área económica del Cohep, apuntó que aunque este tipo de políticas incentiva a la ciudadanía a guardar sus fondos en los bancos, también desencadena un aumento paulatino en las tasas de interés que cobra el sistema financiero comercial.
Entre los principales impactos esperados destacan:
- Préstamos más costosos: Tanto los financiamientos corporativos como los créditos personales y de consumo sufrirán un incremento en sus cuotas de interés.
- Freno a nuevos proyectos: La menor accesibilidad al crédito provocará que las empresas posterguen planes de expansión e inversión en el país.
- Caída en el consumo local: Al volverse más caro el endeudamiento, la capacidad de compra de los hogares disminuirá, contrayendo la actividad comercial.
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Al respecto, especialistas de la Cámara de Comercio e Industrias de Tegucigalpa (CCIT) explicaron que la TPM funciona como el regulador básico que define qué tan costoso resulta solicitar un préstamo o qué tan atractivo es ahorrar. Cuando el BCH decide incrementarla, busca restar liquidez al mercado para contener la pérdida del poder adquisitivo del lempira.









