El divorcio en Hollywood es total. Mientras Billie Eilish advirtió que la IA está destruyendo la creatividad de los jóvenes artistas y Scarlett Johansson demandó a una empresa por clonar su voz sin permiso, del otro lado Gwyneth Paltrow y Ashton Kutcher están invirtiendo millones en startups de inteligencia artificial para hacer películas más baratas y rápidas.
El miedo no es nuevo. Keanu Reeves dijo que la tecnología le da escalofríos, Jenna Ortega confesó que borró su Twitter a los 14 años por los deepfakes sexuales que le hicieron, y ahora Andrew Garfield contó que, después de interpretar a Sam Altman, el jefe de ChatGPT, en la película “Artificial”, dejó de usar la app por completo.
En la vereda opuesta, la plata manda. Ben Affleck defendió usar IA para escribir guiones, Grimes creó una voz artificial de ella misma para que cualquier fan haga canciones y gane 50 % de regalías, y Snoop Dogg se asoció con una empresa que clona voces de raperos muertos. “Es el futuro, te subís o te quedás”, dijo Kutcher en una charla este mes.
Por eso, plataformas como Spotify ahora van a marcar con una etiqueta “persona IA” a los artistas que no existen y Deezer reveló que la mitad de las canciones que le suben a diario ya son hechas con un prompt.
La guerra ya no es si la IA llega a la farándula, es quién va a cobrar por ella.









