El uniforme de bombero de Colin McShane une dos generaciones marcadas por el 11 de septiembre de 2001. Tenía cuatro años y medio cuando su padre murió en los atentados. Hoy integra el Departamento de Bomberos de Nueva York, la institución a la que su padre había ingresado apenas 18 meses antes de morir en el atentado.
La historia de McShane integra un especial publicado por TIME a 25 años del 11-S, que reúne testimonios sobre las consecuencias personales y colectivas de los ataques. Entre los entrevistados hay familiares de víctimas, rescatistas, docentes, abogados y vecinos de las zonas alcanzadas.
McShane conserva recuerdos fragmentarios de aquella mañana: su madre retirándolo de la guardería junto a su hermano gemelo, la televisión encendida y el desconcierto de los adultos.
Con el tiempo, reconoció que la pérdida adquirió otro peso: “No es lo mismo que estar triste por extrañar a alguien cercano. Es más bien estar triste porque no se llegó a tener una relación cercana con esa persona”.
Un bombero siguió el camino de su padre en Nueva York
El padre de McShane había sido policía durante 12 años antes de sumarse al cuerpo de bomberos. Trabajaba en la Escalera 101, en Brooklyn, cerca del túnel del World Trade Center. Su hijo rindió el examen de ingreso a los 18 años y dejó la universidad dos años después para continuar el proceso de selección.
El actual bombero eligió trabajar en el Bronx para construir su carrera sin depender del reconocimiento ligado a su apellido. Cada 11 de septiembre asiste a misa en su estación y luego visita la unidad en la que había trabajado su padre.
Para varias personas entrevistadas por TIME, el 11-S definió vocaciones surgidas años más tarde. Kelsey Griffin, estudiante de aviación, obtuvo una beca de la Fundación LeRoy W. Homer Jr., creada en memoria del copiloto afroamericano de United Airlines que murió en el vuelo 93.










