León XIV se ha dado este domingo un baño de fieles en la plaza de Cibeles de Madrid, antes de dirigirse esta tarde al mundo de la cultura, el arte y el deporte. Más de un millón de personas se han congregado esta mañana en la céntrica plaza para asistir a la misa celebrada por el Pontífice.
“Nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano”, ha dicho el Papa durante la homilía. Ha recordado, además, que Jesucristo “se identifica con los pobres, los que están solos y desamparados” y ha subrayado la importancia de los cristianos de defender la paz y acompañar “a los pobres, a quienes sufren, a quienes han perdido la esperanza”. Después, León XIV ha encabezado la procesión del Corpus Christi.
Antes de la misa, León XIV ha realizado un recorrido a bordo del papamóvil y ha entrado en el Ayuntamiento de Madrid, donde el alcalde, José Luis Almeida, le ha entregado la medalla de oro de la ciudad.
Tras el alegato político del sábado, la misa del domingo. Sin embargo, en un registro obviamente diferente, como es el de una homilía, y hablando con claridad entre líneas, el Papa ha vuelto incidir este domingo ante una impresionante multitud de 1,2 millones de personas en una de sus principales batallas: recordar que los auténticos valores cristianos son incompatibles con algunas posiciones políticas, pese a que estas presuman de representarlos.
“Nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano”, ha dicho. Es la misma línea de crítica directa a Donald Trump, que cita la fe para avalar una guerra, pero que también se extiende a los populismos de su órbita política en Europa. Robert Prevost, en su etapa en España, está librando un pulso global.









