Las sanciones de EE. UU. a Cuba están generando una presión económica al régimen cubano ante la retirada acelerada de corporaciones internacionales que operaban en la isla caribeña.
Lo que debes saber:
Impactos inmediatos
El endurecimiento de las medidas restrictivas por parte de Washington ha comenzado a impactar de forma directa y severa en sectores clave para la frágil estabilidad de La Habana, forzando el cierre o la reestructuración drástica de negocios de capital extranjero que llevaban décadas establecidos en el país caribeño.
El golpe más reciente al sistema financiero insular ha llegado tras la notificación de un banco extranjero que decidió interrumpir de manera inmediata sus relaciones comerciales con Fincimex S.A., el brazo financiero del poderoso conglomerado económico-militar cubano conocido como Gaesa.
Como consecuencia directa de esta medida financiera, el Banco Central de Cuba ha anunciado la suspensión total de las operaciones de pago en el territorio nacional mediante las tarjetas internacionales Visa y Mastercard, limitando drásticamente el flujo de transacciones bancarias.
Desde el punto de vista político, esta parálisis responde a la orden ejecutiva firmada el pasado 1 de mayo por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, mediante la cual se ha reforzado el histórico embargo comercial que rige sobre la isla desde 1962.
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El decreto de la Casa Blanca argumenta que la administración del régimen cubano representa una amenaza extraordinaria para la seguridad nacional estadounidense, justificando así una campaña de máxima presión económica enfocada en ahogar las vías de ingreso de divisas.
El principal objetivo de las sanciones de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) es desmantelar los ingresos del holding militar Gaesa, corporación que, de acuerdo con el Departamento de Estado estadounidense, controla cerca del 70% de la economía cubana con activos valorados en 18 mil millones de dólares.
Las penalizaciones de EE. UU. otorga plazos rigurosos para que las compañías extranjeras cesen sus vínculos comerciales con las entidades controladas por los militares o, de lo contrario, enfrenten la congelación de sus activos y la exclusión total del sistema financiero global.
El turismo también afectado
El sector turístico, considerado el principal motor de la economía cubana, ha sido el más damnificado por esta desbandada empresarial a gran escala. La reputada cadena española Meliá ha anunciado la rescisión inmediata de sus contratos de gestión y comercialización en 15 de los hoteles que operaba conjuntamente con Gaesa, sumándose a decisiones idénticas tomadas previamente por su competidora ibérica Iberostar y por el influyente consorcio canadiense Blue Diamond.

A estas importantes firmas occidentales se ha sumado esta semana el gigante hotelero del Sudeste Asiático, Archipelago International, corporación que manejaba seis importantes complejos en la isla, incluido el icónico Grand Aston en el Malecón de La Habana.
Tras suspender totalmente sus reservas e inhabilitar sus portales digitales de venta, los portavoces de la firma indonesia explicaron que la actual coyuntura global e institucional es demasiado incierta, por lo que han decidido congelar cualquier tipo de operación en territorio cubano a corto plazo.
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Los estragos de las presiones norteamericanas se extienden mucho más allá de los alojamientos y complejos vacacionales y afectan de manera directa a la logística marítima y a la explotación de materias primas esenciales.

En el ámbito del transporte de mercancías, navieras internacionales de la talla de la francesa CMA CGM y la alemana Hapag-Lloyd suspendieron temporalmente el procesamiento de sus cargas hacia la isla, mientras que la canadiense Sherritt ha concretado formalmente su salida del negocio de la extracción de níquel y cobalto que mantenía desde los años noventa.
La convergencia de estos masivos retiros corporativos ensombrece críticamente el panorama financiero del país, cuyas estadísticas oficiales ya reflejan un desplome del turismo internacional superior al 55% en el primer cuatrimestre del año.
Consultores y analistas económicos independientes coinciden en describir la situación actual como devastadora, proyectando el presente año como una de las peores crisis financieras y de aislamiento corporativo registradas en la historia contemporánea de Cuba.









