En medio de lágrimas, luto y dolor se sepultan a varias víctimas mortales de la sanguinaria masacre registrada en una finca de Trujillo, departamento de Colón. Los vecinos de la comunidad de Rigores lamentan los hechos ocurridos y aseguran que los asesinados eran personas humildes y muy trabajadoras.
Niños, jóvenes y adultos alaban a Dios y con sus corazones entristecidos se hacen presente a los sepelios. Uno de los asistentes pidió a sus vecinos apartarse del mal, no confrontarse y no pelear por tierras. Mientras que otros, destacan que los ejecutados luchaban a diario por ganarse el pan de cada día de forma honrada.











