El panorama del voto joven en elecciones Brasil experimenta un drástico retroceso, pasando de la histórica movilización de 2022 a una caída superior al 20 % en el interés de los jóvenes por acudir a las urnas. Datos preliminares del Tribunal Superior Electoral (TSE) confirman este desplome de cara a los comicios presidenciales.
Esta transición de la participación masiva al desapego se debe a una combinación de barreras logísticas, fatiga social y un giro en las identidades políticas.

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Una de las razones son las trabas burocráticas: En 2022, el trámite del título electoral fue 100 % digital. Actualmente, la obligatoriedad de registrar la biometría de forma presencial genera importantes dificultades logísticas.
Otro de las razones de caida del voto es el efecto pospandemia: Analistas de organizaciones como Politize, señalan que el impulso activista que venía desde 2013 se interrumpió por la pandemia, dando paso a una fase dominada por la desconfianza sistémica hacia las instituciones.
Asimismo, se agrega un desencanto estratégico: A diferencia de la campaña de 2022, que contó con el respaldo masivo de celebridades e incentivos enfocados en la agenda climática, hoy no existe una movilización unificada de la sociedad civil. Sectores progresistas han moderado su llamado ante el crecimiento de tendencias conservadoras en este grupo demográfico.
¿Apatía generalizada antes de las elecciones en Brasil?
Según Gabriel Marmentini, director de la organización Politize!, el punto de inflexión fundamental de la participación juvenil en la política se sitúa en las masivas manifestaciones de 2013.
Explica que este fenómeno, que movilizó a los ‘millennials’ de todo el país, generó años de crecimiento constante en el activismo, en los que organizaciones de la sociedad civil y movimientos estudiantiles lograron una conexión genuina con los adolescentes, quienes veían en la política un canal de esperanza para transformar su realidad.

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Pandemia que lo cambió todo
Sin embargo, este impulso ascendente se vio drásticamente interrumpido por la pandemia de 2020, que actuó como un catalizador de desorden social y agotamiento mental.
Gabriel describe el periodo pospandemia como una fase dominada por la incredulidad, donde el ímpetu de años anteriores fue reemplazado por una desconfianza sistémica hacia las instituciones.
De acuerdo a esta misma encuesta, las instituciones políticas del país sudamericano están atravesando una crisis de legitimidad: el 57 % de los jóvenes no confía en los partidos políticos, siendo estos los pilares fundamentales de la democracia representativa.
Entonces, “¿cómo vas a votar si no logras traducir ese deseo de participación política en la política institucional?”, pregunta Helena Salvador, quien cree que los jóvenes tienen “interés por los temas” pero no se identifican con la democracia «así como está».
“Es la mediación lo que falta: llevar esa inquietud de la juventud por la política hacia la política institucional. Quienes tendrían que tender ese puente, naturalmente, son los partidos políticos, tanto en el aspecto de llamar a votar como de presentarse como candidatos”, explica.
¿Cómo afectará en el futuro?
El alejamiento juvenil no es solo estadístico; es una amenaza a la calidad de vida. Cuando este segmento se retira del tablero se arriesga a exponerse a políticas creadas por personas que no entienden su realidad y a perpetuar el ciclo de desconfianza en el Estado «con sus propios hijos», cree Gabriel.
Para revertir esta tendencia, sugiere que la política debe infiltrarse donde los jóvenes habitan y demostrarles con «victorias rápidas» -como proyectos de ley locales- que su involucramiento tiene un impacto real en sus comunidades.
Para el especialista, solo mediante una educación cívica que fomente la «autoeficacia» desde la escuela se podrá romper el letargo para evitar que el futuro de Brasil se decida sin sus principales protagonistas.









