Algunos sectores han manifestado que la lectura de la Biblia en centros educativos públicos no debe ser obligatoria, aunque sí puede utilizarse como una herramienta didáctica dentro de ciertas materias o actividades culturales, esto ante el arranque del diálogo y la socialización del Plan Nacional de Lectura de la Biblia.
Además, señalan que su uso debe ser opcional y educativo, respetando la diversidad de creencias de los estudiantes.
Asimismo, manifiestan que la incorporación de textos bíblicos puede aportar valores y contexto histórico, pero no debe imponerse ni condicionarse la asistencia o la participación de los alumnos.
Según ellos, el enfoque debería centrarse en la enseñanza de ética, historia y literatura, evitando cualquier tipo de coerción religiosa.
La discusión surge en medio del debate sobre la laicidad de la educación pública, donde grupos defensores de la diversidad religiosa y los derechos de los estudiantes insisten en que la enseñanza debe garantizar libertad de conciencia y un ambiente inclusivo para todos.









