Por César Girón
Lindsey Vonn tuvo un accidente en la Copa del Mundo de Esquí Alpino en Crans Montana, apenas siete días antes de que dieran inicio los Juegos Olímpicos de Invierno en Milán-Cortina. La jornada, que se perfilaba como el último gran evento previo a los juegos, llegó a su fin de manera abrupta después de que múltiples caídas afectaran a varios competidores, incluida la atleta estadounidense.
En el descenso suizo, se registraron tres caídas entre solo seis competidores: la austriaca Nina Ortlieb, la noruega Marte Monsen, y la icónica Lindsey Vonn, quien a sus 41 años había decidido regresar a las pistas tras enfrentar numerosos problemas físicos. La organización decidió suspender la competición, generando opiniones divididas entre las esquiadoras y dejando incierta la realización del súper gigante programado para el día siguiente.
La caída más alarmante fue la de Vonn, quien perdió el control tras un salto y chocó contra las redes de seguridad al lado de la pista; fue rápidamente atendida por el personal médico. A pesar de la seriedad de su caída, la atleta se reincorporó, finalizó la carrera con dolor y cruzó la meta por su propia cuenta, evidenciando signos de incomodidad en su rodilla izquierda.
Lindsey Vonn expresó: “Mi sueño olímpico no ha terminado”. También agradeció el cariño y apoyo que recibió, así como la atención del equipo médico, y prometió actualizar sobre su estado más adelante. En el mismo mensaje, envió palabras de aliento a Marte Monsen, quien también fue evacuada debido a una severa caída y lesión: “Mis mejores deseos para Marte, que ha sufrido una caída grave hoy. No se acaba hasta que se acaba”.
El primer entrenamiento para el descenso olímpico está programado para el miércoles, y la carrera principal está fijada para el 8 de febrero. El círculo de Vonn y el ámbito del esquí esperan los resultados médicos que determinarán si la veterana de Minnesota podrá competir por una nueva medalla y continuar su legado en el deporte.









