Brahim Díaz vivió este domingo uno de los partidos más duros de su carrera deportiva. El delantero del Real Madrid, que fue uno de los mejores jugadores de la Copa África, falló un penalti que tiró a lo Panenka en el minuto 114 en la final contra Senagal que condenó a Marruecos.
Brahim, que pudo ser el héroe del encuentro, terminó siendo sustituido entre silbidos. Asimismo, poco tardaron en llegar las críticas al malagueño, sobre todo por haber decidido lanzar desde los once metros a lo Panenka.
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Uno de los más duros con él fue el entrenador francés Régis Brouard en RMC Sports:“Se lo reprocharé toda la vida. Es una falta de respeto al partido, a la final, al continente, tirar el penalti así. Una falta de respeto a su entrenador y a su equipo”.
El exfutbolista neerlandés Khalid Boulahrouz también se unió a las críticas contra el jugador: “No eres Zidane, no eres Ronaldo, no eres Hakimi. No tienes ese estatus. Puede que hayas marcado cinco goles, pero esto es extremadamente doloroso”.
“El penalti mas importante de su vida, quiso lucirse a lo Panenka”, “lo hizo a propósito”, “En el Real Madrid ya sabemos que no tiene que tirar ningún penalti”, “se infiltró en la selección de Senegal”, han sido algunas de las críticas que ha recibido al jugador.
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Minutos después de haber fallado el penalti que, en el descuento de la final ante Senegal, hubiese dado a Marruecos la segunda Copa de África de su historia, el delantero del Real Madrid Brahim Díaz recibió desconsolado y con lágrimas en los ojos de manos del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, el trofeo que lo acredita como máximo goleador del torneo.
El jugador nacido en Málaga, de 26 años, que apostó por un lanzamiento a lo ‘Panenka’ muy flojo y centrado que fue interceptado sin problemas por Edouard Mendy, pasó de rozar la gloria que hubiese supuesto su tanto a ver como, tras llegarse a la prórroga, Senegal les arrebataba el título ante los 69.500 espectadores que abarrotaban las gradas del estadio Príncipe Moulay Abdallah de Rabat y que no se creían lo que estaban viendo.
Tras la final, el delantero del Real Madrid recibió, cariacontecido y con la mirada perdida, la bota de oro que le entregó Infantino, quien también premió al senegalés Sadio Mane como Mejor Jugador del torneo, al marroquí Yassine Bono como mejor guardameta y a la selección anfitriona por su juego limpio, en un trofeo que recogió Hakimi.
La final entre Marruecos y Senegal
La final de la Copa Africana de Naciones entre Marruecos y Senegal concentró la atención del fútbol continental, al enfrentar a dos selecciones con tradición, talento y aspiraciones claras de dominio en África. El duelo representó un choque de estilos entre el orden táctico marroquí y la potencia física y vertical del conjunto senegalés.
Marruecos llegó a la instancia decisiva respaldado por una estructura defensiva sólida y una generación de futbolistas que militan en ligas europeas de primer nivel. El combinado norteafricano apostó por la posesión controlada y la salida limpia desde el fondo, buscando imponer ritmo desde los primeros minutos.
Por su parte, Senegal afrontó la final con el cartel de favorito para muchos analistas, gracias a un plantel equilibrado en todas sus líneas. La selección de África occidental destacó por su intensidad, su capacidad para presionar alto y su peligrosidad en transiciones rápidas.
El desarrollo del partido fue marcado por la cautela inicial de ambos equipos, conscientes de lo que estaba en juego. Tanto Marruecos como Senegal priorizaron el orden defensivo, reduciendo espacios y evitando errores que pudieran inclinar la balanza en una final de alta tensión.

En el mediocampo se libró una batalla clave, donde la disputa por el control del balón fue constante. Marruecos intentó manejar los tiempos del juego, mientras Senegal buscó romper líneas con despliegue físico y llegadas desde segunda línea.
Las ocasiones de gol fueron producto de jugadas elaboradas y acciones a balón parado, un recurso habitual en finales cerradas. Las defensas y los guardametas de Marruecos y Senegal respondieron con solvencia, manteniendo el marcador ajustado durante gran parte del encuentro.
El aspecto táctico también tuvo protagonismo, con ajustes desde los banquillos para contrarrestar al rival. Los entrenadores de Marruecos y Senegal movieron sus piezas con cautela, conscientes de que cualquier modificación podía ser determinante.
Más allá del resultado, la final reflejó el crecimiento del fútbol africano en términos de organización, competitividad y proyección internacional. Marruecos y Senegal mostraron por qué son considerados referentes actuales del continente.
El partido también tuvo un fuerte componente emocional, con aficiones entregadas que acompañaron a sus selecciones en todo momento. La presencia de seguidores de Marruecos y Senegal aportó colorido y un ambiente intenso acorde a una final continental.
Con este enfrentamiento, la Copa Africana de Naciones reafirmó su prestigio como uno de los torneos más exigentes a nivel de selecciones. Tanto Marruecos como Senegal dejaron una imagen competitiva, consolidándose como protagonistas del presente y futuro del fútbol africano.
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