El desempleo y el cobro de la extorsión han obligado a hondureños apostarse en las orillas de las carreteras de El Progreso, Yoro, para emprender con negocios desde la venta de comida y diversos productos.
Don Juan Arévalo se vio obligado a dejar su trabajo como taxista tras 27 años en el rubro debido al cobro de la extorsión, flagelo que mantiene en vilo la economía familiar de cientos de hondureños.
Por otro lado, un exempleado de maquila decidió emprender en la venta de pan para llevar alimento a su familia.
“Gracias a Dios las personas nos apoyan con la compra de pan y esperamos en un futuro generar empleo a otros que lo necesiten”, dijo el joven que no fue identificado.








