Cuando todo parecía volver a la normalidad en los bosques de El Hatillo, una llama desató el infierno. Después de horas y horas de arduo trabajo por parte del Cuerpo de Bomberos, los verdes pinares se encendieron con violencia.
El Hatillo volvió a arder y esta vez poniendo en peligro la humanidad de cientos de personas que tuvieron que dejar sus viviendas al ver que las llamas se acercaban.
El Cuerpo de Bomberos tuvo que redoblar esfuerzos para apagar las llamas, pero la falta de agua y el tiempo que se tardaban las unidades en recargarse del vital líquido, hicieron que el fuego se descontrolara.
Los apagafuegos hicieron el llamado a los camiones cisternas y a los vecinos para pudieran colaborar a fin de extinguir el fuego.








