
istro italiano, Giorgio Meloni, acusó a los traficantes de personas. “Es un delito botar una embarcación de solo 20 metros de largo con 200 personas a bordo en condiciones climáticas adversas”, dijo en un comunicado. “Es inhumano cambiar la vida de hombres, mujeres y niños por el precio de un boleto de avión basado en una noción falsa de un viaje seguro”.
El ministro del Interior, Matteo Piantedosi, agregó que se deben desarrollar nuevas medidas para reducir estos peligrosos viajes. “Se deben seguir tomando todas las medidas posibles para evitar salidas y detener los viajes de cualquier manera que explote la ilusión de una vida mejor”, dijo en un comunicado.
Meloni hizo de la detención de embarcaciones de migrantes una prioridad de su gobierno de ultraderecha. Esta semana, el Parlamento aprobó nuevas leyes que dificultan a las ONG llevar a cabo rescates.
En Ciudad del Vaticano, este domingo, en referencia a las víctimas del naufragio, el papa Francisco dijo: “Rezo por cada uno de ellos, por los desaparecidos y por los demás migrantes que sobrevivieron. Doy las gracias a quienes les ayudan y a quienes les prestan asistencia. Que la Virgen María ayude a estos hermanos y hermanas”.
Los registros del ACNUR muestran que, en lo que va de 2023, 11.874 personas han llegado a Italia por mar, 678 de ellas a Calabria.
Normalmente, las llegadas proceden de países africanos, más que de Oriente Medio y Asia, y la mayoría de las embarcaciones salen de Libia.
Solo el 8,3% de las llegadas proceden de Pakistán, el 6,7% de Afganistán y el 0,7% de Irán. El resto proceden principalmente de África, con un 17,3% de llegadas solamente de Costa de Marfil y un 13,1% de Guinea. Otros países africanos, incluidos los norteafricanos, representan la mayor parte del resto.
La ruta migratoria más mortífera es la del Mediterráneo Central, donde han muerto al menos 20.334 personas desde 2014, según el Proyecto Migrantes Desaparecidos de la Organización Internacional para las Migraciones.








