Militares con varias guerras a sus espaldas con la voz temblorosa, parejas abrazadas con la mirada perdida en el infinito, mujeres con flores en las manos y los ojos llenos de lágrimas, y muchos, muchos, gritos de gloria a Ucrania, gloria a los héroes y muerte al enemigo. El centro de Kiev se convirtió el sábado en una gigantesca despedida en tres actos a Roman Ratushni, el joven de 24 años que ejemplificaba todas las virtudes en las que quieren verse reflejados los ucranios y que cayó víctima de un ataque ruso en el frente oriental el pasado 9 de junio.








