María do Socorro Brito de Araújo, de 36 años, nunca pudo ver a sus bebés ya que se contagió con el virus en el hospital. “Me quedé con dos hijos para criar solo (…) No sé cómo pagar la renta”, dijo su esposo.
La pandemia de COVID-19 ha cambiado la vida de millones de personas en el mundo. La crisis sanitaria ha provocado millones de fallecimientos y la adopción de distintos cuidados higiénicos que antes no se utilizaban masivamente, como el uso de mascarillas, la distancia física y el alcohol gel, entre otros.
Este contexto también obligó a cambiar algunos protocolos dentro de los hospitales, para así evitar al máximo los contagios entre pacientes.

Y en ese sentido, existe mucha preocupación cuando se trata de las zonas de maternidad, ya que es esencial que tanto las madres como los niños que llegan al mundo estén alejados de cualquier posible contagio con el virus.
Lamentablemente, hay algunos hospitales en donde eso no se puede evitar. Ese fue el caso de María do Socorro Brito de Araújo, una mujer de 36 años de Río de Janeiro, Brasil, que dio a luz a dos mellizos pero que nunca pudo verlos ni cargarlos en su regazo.

Según información de Revista Crescer, la mujer se contagió de COVID-19 el 3 de mayo, unos días antes de la cesárea que estaba programada con anticipación.
Casi 20 días después su situación se agravó y su cuerpo no pudo resistir más: María falleció internada en una sala de cuidados intensivos hospital.

Sus dos hijos mellizos, Rhenzo y Enzo, estuvieron durante ese tiempo siendo atendidos por personal médico y luego derivados hasta la casa de un familiar, en donde se comenzó a hacer cargo Douglas Nicodemos da Silva, esposo de María desde hace 5 años.
Douglas, que quedó viudo, tomó la responsabilidad completa del cuidado de los menores luego del fallecimiento de María. “Esto fue muy angustiante. Ella mostraba mejoría y empeoramiento, rezábamos mucho, pero de repente, la intubaron. El sufrimiento continuaba, pero siempre estamos esperanzados“, explicó.

Junto con él también quedó su hijastra Ranielly Freitas, de 17 años, quien también ha quedado al cuidado de sus hermanos mellizos. “Fue muy difícil pasar esta situación (…) Era una persona querida por todos“, aseveró la joven.
Para Douglas, que es albañil, ha sido una pesadilla. Juntos planeaban comprar una casa y dejar de pagar alquiler. “Me quedé con dos hijos para criar solo (…) No sé cómo pagar la renta y cuidar a mis hijos. No quería estar aquí pidiendo ayuda pero no veo otra alternativa“, dijo.

Hasta el momento no ha podido trabajar como lo hacía antes, pero gracias a la ayuda de Ranielly ha podido volver de a poco a la albañilería. “Nuestros hijos son hermosos y solo tengo que agradecerle, porque fue una mujer guerrera“, finalizó.








