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Sobrino de Pablo Escobar pide que su padre sea investigado por el atentado de Avianca

El Boeing 727 despegó con destino a Cali, al occidente de Colombia, un viaje que tomaría menos de una hora.

A las 7:16 am, cuando el avión llevaba unos 10 minutos de vuelo, se escucha a la azafata dirigirse a la tripulación en la cabina de mando:

“¿Desean sanduchitos o café? Está bueno este pavo, claro que no les voy a dar hoy’’.

Galvis celebró su broma con una risa y alguien preguntó “¿qué?’’. Ese interrogante es el último registro de la caja negra. El avión explotó en el aire causando la muerte a 107 personas.

El misterioso pasajero que se suponía que no había abordado, sí lo había hecho, pero a último momento abandonó el avión como parte de un plan varias veces ensayado. Tenía asignado un puesto bajo un nombre falso y había acompañado hasta la silla 15F al joven que activó una bomba en pleno vuelo.

El verdadero nombre del pasajero era Darío Uzma Cano, un joven sicario de pocas palabras y con fama de engreído que trabajaba como administrador, chofer, escolta y todero fiel de la exesposa de Roberto Escobar Gaviria y sus hijos.

Roberto, de 78 años, es el hermano del capo del cartel de Medellín, Pablo Escobar. Vive tranquilamente en esa ciudad.

Hasta ahora Uzma había sido descrito en documentos judiciales y testimonios de sicarios del cartel como un eficiente y discreto operador de la organización sin cuya participación no hubiera sido posible el atentado.

“Pero no los veo bajando maletas’’, respondió el capitán José Ignacio Ossa Aristizábal quien continuó con el procedimiento junto con el copiloto y el ingeniero de vuelo.

El Boeing 727 despegó con destino a Cali, al occidente de Colombia, un viaje que tomaría menos de una hora.

A las 7:16 am, cuando el avión llevaba unos 10 minutos de vuelo, se escucha a la azafata dirigirse a la tripulación en la cabina de mando:

“¿Desean sanduchitos o café? Está bueno este pavo, claro que no les voy a dar hoy’’.

Galvis celebró su broma con una risa y alguien preguntó “¿qué?’’. Ese interrogante es el último registro de la caja negra. El avión explotó en el aire causando la muerte a 107 personas.

El misterioso pasajero que se suponía que no había abordado, sí lo había hecho, pero a último momento abandonó el avión como parte de un plan varias veces ensayado. Tenía asignado un puesto bajo un nombre falso y había acompañado hasta la silla 15F al joven que activó una bomba en pleno vuelo.

El verdadero nombre del pasajero era Darío Uzma Cano, un joven sicario de pocas palabras y con fama de engreído que trabajaba como administrador, chofer, escolta y todero fiel de la exesposa de Roberto Escobar Gaviria y sus hijos.

Roberto, de 78 años, es el hermano del capo del cartel de Medellín, Pablo Escobar. Vive tranquilamente en esa ciudad.

Hasta ahora Uzma había sido descrito en documentos judiciales y testimonios de sicarios del cartel como un eficiente y discreto operador de la organización sin cuya participación no hubiera sido posible el atentado.

De acuerdo con Rojas, Roberto fue llamado a declarar en el proceso.

“Roberto Escobar ha sido citado en la Fiscalía para que pueda dar algún testimonio sobre esto. Pero también entiendo que no ha dado ninguna información al respecto’’, dijo Rojas.

En 2009 el caso fue declarado de lesa humanidad lo que significa que la acción penal no prescribe. La fiscalía colombiana respondió a Univision que Roberto Escobar no ha sido vinculado al proceso y que no cuenta con elementos materiales probatorios que lo relacionen con el hecho. Nicolás dijo que está dispuesto a declarar ante cualquier autoridad la versión que le dio a Univision.

En Medellín, Univision contactó telefónicamente a Roberto Escobar. Después de explicarle que el motivo de la llamada era conocer su opinión sobre la versión de su hijo, colgó. No respondió nuevas llamadas ni un cuestionario enviado a su WhatsApp.

El registro del audio de la cabina del avión de Avianca no captó cómo se resolvió el inconveniente del pasajero ausente . Quizás no causó mayor preocupación, aunque los tiempos no estaban para fiarse. En enero de ese año, el peor en la historia del narcoterrorismo en Colombia, Pablo Escobar y sus socios del Cartel de Medellín, bajo el nombre de guerra de ‘Los Extraditables’’, habían asesinado al candidato presidencial Luis Carlos Galán, enemigo declarado del narcotráfico.

Ahora estaban empeñados en matar al exministro César Gaviria, quien había asumido la candidatura del carismático líder acribillado en una tarima de su campaña política en el mismo municipio donde cayeron los restos del avión. Los narcotraficantes pensaban que Gaviria abordaría el vuelo de Avianca, pero el político había tomado un avión privado.

“Como hermanos’’

Uzma trabajó desde joven para los Escobar. En los ochenta Roberto era dueño de la fábrica de bicicletas El Osito, apodo que le pusieron los periodistas en tiempos en los que corría en competencias de ciclismo profesional.

A medida que los riesgos de Roberto se multiplicaron por cuenta de las guerras del cartel y los millones en efectivo que le ayudaba a guardar a su hermano Pablo, Dario Uzma se convirtió en un miembro indispensable de la familia. Debía responder por la seguridad de la exesposa de Roberto, Ligia, y de sus dos hijos, Nicolás y Laura. La pareja se había separado en 1978, pero Roberto continuó sosteniéndola económicamente a ella y a los niños.

El Osito pasó de manejar los modestos ingresos de su fábrica de bicicletas a administrar la fortuna de Pablo Escobar, según lo relata en el libro autobiográfico El Contador, publicado en inglés por el periodista David Fish.

“Solo Pablo y yo sabíamos dónde estaban las caletas [lugares donde se escondía el dinero]. Esto nunca se ponía por escrito, todo estaba en la memoria. Aunque algunas de las transacciones se hacían con bancos, cuando el efectivo llegaba yo decidía a dónde se enviaba, si al banco o a la caleta’’.

Cuando la familia de Roberto quería pasar unos días en Cartagena, el balneario costero del país, Uzma pagaba los hoteles, los pasajes y la gasolina. Si salían de compras, Memín, como le decían, cubría la cuenta. Si Nicolás necesitaba traer desde Bogotá unos perros San Bernardo importados de Suiza, donde pasó varios años, Memín manejaba el carro de la familia.

“Era una persona de alta confianza. No se vestía como los bandidos de esa época, que siempre andaban mostrando un montón de cadenas, sino que era una persona estructurada, una persona que le gustaba leer, una persona con la cual usted se podía sentar a hablar de un tema y poder dialogar con él durante horas’’, recordó Nicolás.

Por esa época, Lisardo Santana trabajaba como jardinero y portero de la casa de la familia de Roberto Escobar. Había sido contratado por Memín. Él fue testigo de la relación con Nicolás.

“Andaban por todas partes juntos y él, [Uzma] estaba en la casa. Era como si fuera la casa de él’’, explicó Santana. “Era una persona muy seria que casi no conversaba con ninguno. Inclusive los mismos compañeros le tenían como algo de bronquita que porque era vanidoso, decían ellos’’.

Poco a poco Uzma se fue colando en el álbum familiar: en una foto se le ve con los Escobar Urquijo durante la iluminación decembrina de Medellín; en otra tomando aguardiente, otra más recostado en la cama de un hotel durante una vacaciones familiares; en el sofá de la sala junto a Ligia y en el Castillo de San Felipe en Cartagena.

“Mi mamá era como la mamá de Darío y Darío para mí era como mi hermano’’, recordó Nicolás. “No le gustaban las peleas ni las discotecas. ‘No hay sino ruido, no puedes ni siquiera hablar’, me decía’’.

Simulacro

Nicolás, de 53 años, asegura que Uzma le relató la operación del atentado paso a paso. Dijo que se hicieron simulacros en los que un joven reclutado en un barrio marginal de Medellín debía sentarse con Uzma en asientos improvisados como si fueran de avión frente a una fila de sillas en las que otros voluntarios hacían de pasajeros.

El joven reclutado para la operación a cambio de la promesa de un pago extraordinario para sus estándares de vida era conocido como ‘El Suizo’, una alteración siniestra de la palabra “suicida’’.

A ‘El Suizo’ se le indicó que su misión consistía simplemente en grabar a los pasajeros de la fila del frente poniendo a funcionar una grabadora que supuestamente iba en el interior de un maletín. Los pasajeros, según el montaje, eran enemigos del cartel.

“Ese proceso se hace con todo, como si usted se fuera montar dentro del avión real como ellos se van a sentar, a dónde se van a sentar, dónde van a meter la grabadora’’, explicó Nicolás.

Para darle credibilidad al entrenamiento los participantes escuchaban la grabación en presencia del aprendiz. ‘El Suizo’, explicó Nicolás “pensaba que solamente iba a meter la grabadora debajo del asiento y espichar [oprimir] el botón para empezar a grabar lo que esas personas están hablando en la parte de adelante, sin saber que lo que llevaba en el interior de ese maletín era una bomba que iba a destruir todo ese avión’’.

‘El Suizo’ y Uzma compraron en efectivo los pasajes en el Puente Aéreo el día anterior del vuelo que tomaría el candidato Gaviria. Uzma se registró como Julio Santo Domingo, nombre de un magnate colombiano dueño de Avianca en esos años. ‘El Suizo’ se presentó con la identidad también falsa de Alberto Prieto.

Al día siguiente abordaron el avión. Como parte del ardid, una vez Uzma llegó a la fila 15 y acomodó a ‘El Suizo’, recibió un mensaje en su beeper. Era un pretexto para abandonar el avión.

“Que cuando ya estuviera todo listo agarrara y le dijera que acababa de llegar un mensaje a su beeper y que le habían dado la orden de que se bajara, que había otra vuelta por hacer, que continuara tranquilo e hiciera la grabación’’, relató Nicolás.

Los ensayos se tradujeron en un éxito brutal en la realidad. Todo salió como estaba previsto.

“Hay una noticia de última hora’’, anunció agitado por la radio el reconocido periodista Yamid Amat en el noticiero más escuchado de Colombia. “¿Qué pasa? dígame’’, le preguntó el locutor a una oyente.

“Yamid, yo estaba jugando basquetbol cuando vi una estela de humo y luego vi que el avión se incendió. Cayó hacia la altura de Casucá’’.

Según otros testigos, el avión quedó envuelto en una bola de fuego antes de desintegrarse y caer en pedazos en una zona escarpada del municipio de Soacha al sur de la capital. Los 107 pasajeros del HK-1803 murieron.

A las pocas horas, los medios empezaron a deslizar sutilmente la hipótesis de un atentado. Un hombre que se identificó como miembro de Los Extraditables le atribuyó la acción a esa organización en una llamada a una emisora.

Uzma regresó a Medellín. Estaba contento. Santana, el portero, recuerda que cuando se confirmó la explosión del avión, se formó un corrillo de sicarios en la casa de los Escobar en el que estaba Uzma.

“Todos celebraban, ellos allí y ellos allá, en su reunión, celebrando’’, recordó Santana.

“¿Y cómo una persona que usted describe como educada, sensata, se puede prestar para una cosa tan terrible como esta?”, le pregunté a Nicolás.

“En esta época de la vida [hoy] se da uno cuenta de lo terrible que era. Pero en ese momento tenía más capacidad de dañar la mente el dinero que se ofrecía para que la gente hiciera las cosas. Y el dinero iba por encima de cualquier cosa’’.

La discoteca

La felicidad se fue apagando en el rostro de Uzma con el paso de los días, recuerda Nicolás. Le habían dado un adelanto de lo prometido, pero el grueso de la deuda seguía pendiente. Estaba desesperado. Nicolás explicó que de los dos millones de dólares que le prometieron solo le habían entregado 100,000.

Un día fue citado a la discoteca Xochimilco de Medellín con la promesa de que recibiría el saldo. Al llegar fue recibido con una ráfaga de disparos de varios flancos.

Llegó moribundo a la clínica Soma en el centro de la ciudad, donde un sicario de nombre Víctor, ‘El Médico’, se presentó vestido de su alias con la excusa de que iba a visitarlo.

– “Era con la intención de aplicarle una inyección”, dijo Santana.

– “¿Para matarlo?”, le pregunté

– “Sí, señor, por supuesto’’, respondió

Durante la entrevista, Nicolás recordó repentinamente que su madre fue a visitar a Uzma a la clínica y se encontró con ‘El Médico’. Lo conocía. Era parte del círculo de amigos del escolta herido.

“¿Usted qué viene a hacer acá vestido de médico?’’, le preguntó Ligia al sicario, según Nicolás. Su madre se enteró después de que ‘El Médico’ tenía la orden de ponerle una inyección de potasio para matarlo.

El plan fracasó. El escolta quedó parapléjico. Una foto del álbum de Nicolás fechada el nueve de abril de 1990, unos cuatro meses despues de la tragedia del avión, lo muestra en silla de ruedas, sin camisa, con una cicatriz en el estómago y una mirada de profunda amargura.

Nicolás sospecha que su padre temía que Uzma, decepcionado por el incumplimiento en el pago, decidiera contar la verdad sobre el atentado al avión de Avianca.

“Darío Uzma le manda una carta a Pablo diciéndole que él había hecho una vuelta para la organización y que en vez de pagarle le habían mandado a dar bala, que lo único que quería era que le entregaran la plata que a él le correspondía, que no iba a ir a contar absolutamente nada’’, dijo Nicolás.

Como respuesta recibió otro ataque del que no se salvó.

“A Darío, estando parapléjico delante de su pequeña hija y su esposa lo asesinan en un segundo piso porque uno de sus amigos ingresa al sitio donde Darío vivía, supuestamente a saludarlo y cuando sale deja la puerta abierta para que los sicarios entren y lo acaban de acribillar’’.

El amigo que dejó abierta la puerta, agregó, era alias ‘El Panadero’, más conocido como Darío ‘El Pana’, otro asiduo visitante de la casa de los Escobar captado por la cámara de Nicolás que era un gomoso de la fotografía desde joven. El ‘Panadero’ fue asesinado años después.

Ruptura

Durante años la relación de Roberto Escobar y Nicolás fue buena. “Mi hermoso hijo”, le dice Roberto a Nicolás en su libro al recordar el secuestro de su primogénito en manos de ‘Los Pepes’ en marzo de 1993.

‘Los Pepes’ era una organización armada que combatía a Pablo Escobar y sus colaboradores. Nicolás estuvo secuestrado siete horas durante las cuales fue torturado. Roberto celebra en su libro la ingeniosidad de su hijo ‘Nico’ para convertir la cárcel de La Catedral en lo que las crónicas de la época describieron como un hotel de cinco estrellas para narcos.



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