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Descubren bacterias marinas mexicanas que se “comen” el petróleo

A más de 3.000 metros de profundidad, un equipo de investigadores ha logrado caracterizar a los microorganismos que pueden biodegradar hidrocarburos tras un derrame petrolero.

El 10 de abril de 2010, a menos de 50 millas de la costa de Louisiana, una explosión destruyó la plataforma petrolera Deepwater Horizon, matando a 11 personas y provocando el vertido de más de tres millones de barriles de crudo en el Golfo de México durante casi tres meses. El vertido de crudo en aguas estadounidenses encendió las alarmas entre las autoridades de México. ¿Qué pasaría si ocurría un derrame petrolero similar que afectara la parte mexicana? Con esta interrogante sobre la mesa, México abrió una convocatoria para atraer a especialistas que pudieran responder las inquietudes sobre la degradación natural de los hidrocarburos y sobre las características fisicoquímicas de las aguas mexicanas.

El proyecto mexicano contaba con los hallazgos precedentes de los investigadores de EE UU, quienes ya habían descubierto un grupo de bacterias marinas con gran potencial para degradar petróleo. Los indicios tanto en el país norteamericano como en otras aguas que habían sufrido vertidos similares abría la puerta para explorar el Golfo de México y conocer si existían bacterias marinas similares y en ese caso, examinar sus cualidades particulares. Sin embargo, se carecía de un estudio específico sobre los efectos del derrame petrolero en aguas mexicanas.

La catástrofe petrolera en Luisiana fue el punto de inflexión que derivó en la conformación del Consorcio de Investigación del Golfo de México (CIGoM) en 2015.“Las autoridades consideraron que eventualmente podría haber otro derrame. Entre más de perforaciones existen, el riesgo se incrementa”, comenta Alexei Licea Navarro, parte del consorcio de investigación conformado por más de 300 científicos del proyecto de caracterización de bacterias y corrientes marinas en el Golfo de México.

Así, los investigadores en el país se dieron a la tarea de buscar muestras de bacterias marinas a más de 3.00 metros de profundidad. Tras cinco años de navegar la zona a lo largo de más de 40 expediciones, este grupo de científicos ha logrado caracterizar estas singulares bacterias y conocer la velocidad a la que degradan el crudo, acorde a su tipo y condición. La búsqueda y caracterización de las bacterias que “comen petróleo”, ha requerido del esfuerzo conjunto del Instituto de Biotecnología (IBt) de la UNAM, la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y el Cinvestav Mérida. La paraestatal Petróleos Mexicanos (Pemex) ha sido la encargada de brindar a los investigadores distintas muestras de los hidrocarburos que explotan del Golfo de México para realizar pruebas de biodegradación.

El especialista explica que actualmente ante un derrame petrolero se utilizan dispersantes, una especie de detergentes químicos que disuelven la mancha. Por el contrario, las bacterias marinas que han caracterizado degradan orgánicamente el petróleo e incluso sus derivados, por ejemplo, los plásticos. “Tenemos listas estas bacterias para poder ofrecer un servicio, especialmente a Pemex, o a cualquier petrolera que lo requiera para, si llega a haber un derrame y este dependiendo del tipo de petróleo que se derramó, entonces usar los consorcios bacterianos específicos para hacer la biodegradación”, afirma el experto.

Los resultados de estos análisis han permitido hacer un mapeo de las áreas de explotación, analizando corrientes marinas y la existencia de fauna y bacterias. De acuerdo con Licea Navarro existen zonas con pocas bacterias degradadoras y gran cantidad de mamíferos marinos, por lo que no conviene explotarlas, a diferencia de aquellos otros puntos donde hay más bacterias y menos fauna, lo cual sería estratégico en caso de un derrame petrolero. A petición de Pemex, el trabajo de estos investigadores se extendió 18 meses, tiempo en que se fortaleció el valor estadístico de los análisis. “Con este tipo de estudios, tú puedes determinar, incluso, dónde es más conveniente hacer perforaciones y dónde no es conveniente por el riesgo que esto representa, esto tiene una repercusión nacional”, zanja.

Uno de los objetivos primordiales, añade el especialista, es reducir el daño de un derrame petrolero en la naturaleza. De acuerdo con sus estudios, los lugares donde no existe la presencia de este tipo de bacterias aún se encuentran huellas de petróleo, aunque el derrame haya ocurrido hace más de dos décadas. El proyecto en sus cinco años iniciales fue fondeado por el Gobierno, con una inyección de capital de alrededor de 1.500 millones de pesos provenientes del Fondo de Hidrocarburos ConacytSecretaría de Energía (Sener).

Aún con el reciente derrame petrolero en Perú, el pasado enero —más de 11.900 barriles de crudo afectando más de 20 playas— el especialista hace hincapié en la necesidad de potenciar la biorremediación ante futuros desastres. El científico refiere que una vez concluido el análisis de las muestras recolectadas, el último paso del proyecto será buscar inversionistas para adquirir la tecnología que se necesita para producir y almacenar grandes bancos de estas bacterias marinas mexicanas, listas ya para comer el crudo de la profundidad del mar.



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