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Alemania golpea a Rusia donde más le duele con la suspensión de un megaproyecto gasífero

Vladimir Putin comenzó este mismo martes a padecer las consecuencias de su aventurismo geoestratégico, cuando la mayoría de los aliados occidentales adoptaron sin tardar duras sanciones contra individuos y actividades económico-financieras rusas. Entre ellas, la que probablemente sea más difícil de sobrellevar para Rusia —pero también para Europa— fue la decisión de Alemania de suspender la puesta en servicio del gasoducto Nord Stream 2, proyecto clave que conecta a ambos países.

Para Olaf Scholz no había otra solución. Después del reconocimiento del jefe del Kremlin de la independencia de las autoproclamadas repúblicas separatistas prorrusas del este de Ucrania, el canciller alemán tuvo que ceder. Y la parálisis de esa obra faraónica bien podría ser definitiva. Berlín no certificará el gasoducto, autorización indispensable para su puesta en servicio. Según el jefe del gobierno alemán, el proyecto será objeto de una “reevaluación” política por parte del Ministerio de Economía debido a nueva “la situación geopolítica”.

La Casa Blanca saludó esa suspensión a través de su vocera, Jen Psaki. Por el contrario, el anuncio, esperado en Moscú, suscitó la reacción burlona del expresidente ruso Dimitri Medvedev.

“Bienvenidos a un nuevo mundo donde los europeos pagarán dentro de poco 2000 euros por 1000 metros cúbicos de gas”, dijo. Una suma colosal para Alemania que renunció a la energía nuclear y pretende abandonar progresivamente el carbón. En 2020 Berlín importó 53.300 millones de m3 de gas ruso, es decir 55% de sus necesidades. El gas, vital para las economías europeas, es encaminado hasta ahora por tres gasoductos principales: el Brotherhood (vía Ucrania), el Yamal-Europe (vía Belarús) y el Nord Stream 1.

Lo que Medvedev pareció olvidar es que esas dependencias son siempre mutuas. Si bien la alimentación de Europa en gas ruso representa 40% de las importaciones y 19% del consumo, las exportaciones gasíferas rusas hacia Europa significan el 15% de su PBI. Según la Dirección General del Tesoro, el sector del petróleo y del gas aseguraba en 2021 el 25% de los ingresos fiscales totales de Rusia. En otras palabras: Europa seguramente sufrirá este invierno si Moscú decidiera reducir el paso del gas. Pero el impacto en la economía rusa será decididamente brutal.

Alternativas

Estados Unidos y Bruselas afirman que han tomado los recaudos necesarios para que Europa no carezca de energía. ¿Cómo harán? Los europeos podrían solicitar a productores regionales, como Argelia o Noruega que aumenten su extracción, pero nunca será suficiente. Otra solución sería importar gas líquido por barco de Estados Unidos, Australia o Qatar. Aunque el ministro de Energía de este último emirato, Saad Sherida al-Khaabi, afirmó que su país no podrá remplazar los volúmenes rusos.

En todo caso, Nord Stream 2, cuya construcción concluyó en el pasado otoño boreal, no está aún en servicio debido al bloqueo jurídico del regulador energético alemán: la obra no respeta aún la legislación europea y alemana del sector. Pero la decisión anunciada este martes va mucho más lejos. Porque el gobierno alemán retiró un dictamen “político” favorable que había emitido sobre el gasoducto, que establecía la ausencia de riesgo de “seguridad” nacional que hubiera representado el proyecto.

Remolcadores junto al buque ruso "Fortuna" en el puerto de Wismar, Alemania. El barco es usado para trabajos de construcción en el gasoducto germano-ruso Nord Stream 2
Remolcadores junto al buque ruso «Fortuna» en el puerto de Wismar, Alemania. El barco es usado para trabajos de construcción en el gasoducto germano-ruso Nord Stream 2

Decididamente Nord Stream 2 es un proyecto maldito, epicentro de batallas geopolíticas y económicas desde su concepción. Durante varios años, el proyecto opuso a Estados Unidos y Alemania, su principal promotor. Pero también a los europeos entre sí, como también a Rusia y Ucrania.

Promovido por el gigante ruso Gazprom, estimado en más de 10.000 millones de euros y cofinanciado por cinco grupos europeos del sector de la energía (OMV, Engie, Wintershall Dea, Uniper y Shell), el gasoducto une Rusia con Alemania vía un ducto de 1230 kilómetros bajo el mar Báltico. Con una capacidad de 55.000 millones de m3 de gas anuales, el ducto recorre el mismo camino que su gemelo, Nord Stream 1, operativo desde 2012. Su objetivo es el de duplicar los aportes de gas ruso a Alemania que, prudentemente, comenzó sin embargo a diversificar sus fuentes de aprovisionamiento en los últimos años.

Conscientes de los riesgos políticos, los opositores fueron numerosos. El primero de ellos fue Ucrania, que teme perder los ingresos que obtiene del tránsito del gas ruso y ser aún más vulnerable ante Moscú. Este martes, el jefe de la diplomacia ucraniana fue el primero en congratularse por la suspensión “política y moralmente justificada”. Estados Unidos siempre estuvo en contra de un proyecto que podía debilitar económica y estratégicamente a Ucrania, aumentar la dependencia de la UE del gas ruso y disuadir a los europeos de comprar el gas de esquistos que Washington espera venderles.



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