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Alejandra y Carlos vivieron la pandemia de Covid-19 encerrados desde hace casi dos años; esta es su historia

Alejandra Ibarrola es una mujer mexicana que lleva 22 meses encerrada en su domicilio desde que se detectó el primer caso de coronavirus en China. 

En una entrevista telefónica para el diario La Opinión, Ibarrola señaló que es una persona que “se tomó en serio la pandemia de Covid-19” y en la actualidad reside en Tepotzotlán, un pequeño poblado a las afueras de la Ciudad de México. 

Desde inicios de 2020, la publirrelacionista de 47 años vive en la casa que ella inicialmente catalogaba como de verano y descanso, esto para salir de la rutina estresante de la capital.

Este lugar solitario se convirtió para Alejandra en un lugar seguro para esperar tiempos mejores. Ella confiesa que la primer alerta le llegó desde Europa a través de las noticias, cuando escuchó que el virus estaba arrasando con adultos mayores y enfermos en Italia, España y Reino Unido. 

Alejandra Ibarrola padece fibromialgia, una enfermedad que se caracteriza por dolor general en músculos y huesos. El tiempo pasaba y las noticias de aislamiento y cierre de fronteras la preocupaban a la mexicana, por lo que el destino le tenía preparado una sorpresa. 

Sus finanzas comenzaron a tener problemas y en una ocasión se le complicó pagar la renta de su departamento cerca de su mamá, allá por Satélite, en el municipio de Naucalpan. 

Enseguida, pensó que era su oportunidad de cambiar su destino y mudarse a Tepotzotlán, un lugar seguro para ella y su familia. 

Convenció de que sus hermanos y madre se mudaran con ella, pero su vida citadina los hizo regresar a la capital, así que ella comenzó a rehacer su vida. 

Lo que más le dolió fue quedarse sin chamba, pero se dio cuenta que la pandemia es para gente dura. Lejos de los lujos, restaurantes para comer y plazas comerciales, Alejandra bajó 20 kilos y por primera vez acudió a un psicólogo. 

Según lo narrado, nunca había necesitado de la caridad de sus amigos o pedir dinero prestado a sus hermanos. Poco a poco se fue recuperando de las crisis y su terapia inició a través de cultivar su propio huerto. Después mejoró la señal de internet y comenzó a disfrutar de los servicios de streaming. 

Ella asegura que solamente ha tenido contacto con tres personas y se va preparando para el acecho de una nueva variante. 

Amor al encierro

Otra de las historias que reveló la reportera Gardenia Mendoza fue la de Carlos Spindola, un economista político y catedrático de la Universidad José Vasconcelos en Oaxaca. 

Él se describía como un callejero, pero esta pandemia lo hizo amar el encierro, pese a que sus pensamientos le decían que no lo lograría. 

Las reuniones en zoom se hicieron un decreto obligatorio para su trabajo en el Gobierno local y en la universidad, por lo que optó por “quedarse en casa”, además de que su mamá estaba enferma. 

Ya en casa, junto a sus dos hermanos (un hombre y una mujer), se repartieron los deberes para poder sacar juntos la chamba. Fueron tiempos de contrastes, entre reclamos y estrés por el encierro, hubo conflictos entre los hermanos, pero nunca pasó a mayores. 

Carlos confiesa que la pandemia lo hizo pasar más tiempo con su madre, que por su cáncer que padecía falleció. Con el paso del tiempo fue aceptando el encierro y su estilo de vida fue siendo cada vez menos estricto. 

Fue un respiro, pero se dio cuenta que le encanta estar en casa. 

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