Un tiburón casi le arranca la mano a un hombre que intentó acariciarlo

Un británico de Manchester fue el protagonista de un terrible accidente. El hombre intentó acariciar un tiburón blanco y casi pierde la mano. Si bien este tipo de animales no suelen atacar a los humanos porque sí no hay que olvidar que pertenecen a una de las familias de depredadores más temidas del océano. Por ello, siempre es recomendable mantener una distancia prudente cuando nos topamos con uno de ellos.

Sus mandíbulas son una de las más afiladas. Repleta de dientes están preparadas para deglutir lo que encuentren a su paso para alimentarse. Al parecer Jimi Partington olvidó este detalle por completo cuando decidió meter sus dedos en las fauces del enorme pez. Su acción casi le cuesta muy caro a este experto en buceo, de 36 años, quien además es especialista en la

Las imágenes pronto se hicieron virales en lasredes sociales. Allí se lo ve meter sus manos en el agua para aproximarse al tiburón blanco. Rápidamente debió sacarlas cuando notó que tomó envió mostrándole sus dientes en clara disconformidad con lo que este señor estaba por hacer. Pese al susto, salió ileso de la peligrosa situación a la que se sometió irresponsablemente.

Por qué atacan cuando no son provocados

Los ataques de tiburones blancos no son para nada comunes. Sin embargo, cuando lo hacen sus presas se convierten en víctimas de muerte de forma segura. Por ello un grupo de especialistas comenzó a estudiar un poco más sobre el tema. Con el correr de los años llegaron a la conclusión de que simplemente se confunden. Sucede que cuando son pequeños comen peces pequeños, pero a medida que crecen el tamaño de lo que ingieren también debe aumentar para saciarse.

De esta manera, entendieron que cuando esta especie ataca al hombre lo hace porque piensan que se trata de un pez más grande. Es en esta etapa de crecimiento donde comienzan los problemas. Cegatos y muy posiblemente daltónicos ven el mundo en la gama de los grises. Con el tiempo aprender a distinguir detalles, pero mientras son adolescentes son incapaces de diferenciar si están ante un cetáceo o una persona.

Si bien no es la única teoría que existe sobre el tema, es la que más adeptos ha sumado dentro de la comunidad científica. Incluso un estudio reciente realizado, por un equipo de buzos en el fondo del mar, logró demostrar que para ellos un león marino, una persona nadando o una tabla de surf son prácticamente lo mismo. Así determinaron que no atacan por ser asesinos sino por una mera tendencia a equivocarse.