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Paleoheces revelan que el hombre ya disfrutaba del queso azul y la cerveza hace 2.700 años

No es ningún secreto que la cerveza y el queso van de la mano, pero un nuevo estudio publicado este miércoles en la revista Current Biology revela cuán profundas son sus raíces en Europa, donde los trabajadores de una mina de sal prehistórica en la actual Austria ya bebían cerveza y comían queso azul hace 2.700 años.

Los autores de la investigación analizaron diferentes muestras fecales antiguas (paleoheces) que datan desde la Edad del Bronce hasta el período barroco (siglo XVIII d. C.) encontradas en la mina de Hallstatt, en los Alpes austríacos. Esto permitió reconstruir la dieta de la población que habitó esa región y obtener información sobre la antigua composición de su microbioma intestinal.

En una muestra de la Edad del Hierro, los resultados revelaron abundante presencia de ADN de ‘Penicillium roqueforti‘ y ‘Saccharomyces cerevisiae‘, dos especies de hongos que se utilizan en la producción del queso azul y la cerveza, respectivamente.

Similitudes con poblaciones contemporáneas

“Parece ser que los mineros de Hallstatt aplicaron intencionalmente tecnologías de fermentación de alimentos con microorganismos que todavía se utilizan hoy en día en la industria alimentaria”, dijo el autor principal del estudio Frank Maixner, del Instituto de Investigación Eurac para Estudios de Momias (Italia). Estos hallazgos ofrecen la primera evidencia molecular de la producción y consumo de queso azul y cerveza hace 2.700 años, en la Europa de la Edad del Hierro, agregó.

Además, los análisis de las paleoheces identificaron salvado y glumas de cereales como los componentes vegetales más prevalentes. Esa dieta fibrosa y rica en carbohidratos se complementaba con proteínas de leguminosas y ocasionalmente con frutas, nueces o productos de origen animal.

Los científicos también observaron que las estructuras del microbioma intestinal de los antiguos mineros de Hallstatt eran similares a las de algunas poblaciones contemporáneas, cuyas dietas también se componen principalmente de alimentos no procesados, frutas y verduras frescas. Esto sugiere un cambio relativamente reciente en el microbioma intestinal de la población occidental moderna a medida que iba cambiando los hábitos alimentarios y el estilo de vida.

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