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Cinco maneras de apoyar a las empresas viables pero vulnerables durante la recuperación de la COVID-19

La COVID-19 continúa afectando fuertemente a las empresas, especialmente en los países en desarrollo, donde la asistencia pública ha sido limitada y desigual. Transcurrido un año de la pandemia, ¿qué sabemos de su impacto en las empresas y de las respuestas de políticas? ¿Cómo se puede orientar mejor la ayuda? ¿Qué instrumentos se deben utilizar? ¿Deuda, capital o una combinación de ambos? ¿Qué hacer ante un posible aumento de la insolvencia? En nuestro nuevo informe (i) se analizan las últimas reflexiones sobre estas cuestiones.

Los impactos de la COVID-19 en las empresas de todo el mundo han sido devastadores y, más de un año después, estas siguen enfrentando dificultades. Las empresas de los países en desarrollo se vieron especialmente afectadas, ya que sus ingresos se redujeron en un 70 % en el punto álgido de la crisis , frente a solo un 45 % en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Incluso varios meses después de la crisis, los ingresos de las empresas seguían siendo un 40 % más bajos. Estas fuertes pérdidas de ingresos han ido acompañadas de un apoyo público mucho menor que en los países avanzados, lo que ha aumentado el riesgo de un amplio incumplimiento del pago de la deuda corporativa y de que el sector privado se vea afectado por secuelas permanentes.

El Grupo Banco Mundial ha recopilado y analizado datos de empresas de todo el mundo sobre los impactos de la COVID-19, al tiempo que ha monitoreado el alcance de la asistencia proporcionada por los encargados de la formulación de políticas. Este informe tiene como objetivo servir de ayuda a los responsables de las políticas en el diseño de programas para fomentar la recuperación económica. Hemos realizado un seguimiento de las numerosas medidas de políticas adoptadas por los Gobiernos —entre ellas unas 1600 medidas (i) de apoyo a las pequeñas y medianas empresas (pymes) en 135 países—, así como de las más de 3400 medidas del sector financiero (i) en 156 países. En nuestra última nota sobre el apoyo a las empresas en la reestructuración y la recuperación (i), basada en los datos más recientes, se formulan recomendaciones sobre la mejor manera de ayudar al sector privado durante la recuperación.

De la rapidez a la eficacia

Durante los primeros días de la pandemia, los Gobiernos se centraron en preservar los puestos de trabajo y limitar una ola masiva de quiebras. La principal prioridad era conseguir liquidez y otras ayudas (i) para ahorrar costos en el sector privado. Es probable que se haya dado prioridad a la rapidez frente a la eficacia, por lo cual no sorprende demasiado que nuestra investigación indique que la focalización del apoyo en materia de políticas fue imprecisa. Por ejemplo, el 20 % de las empresas que no experimentaron ningún impacto negativo debido a la COVID-19 declararon haber recibido asistencia pública, en comparación con entre el 26 % y el 29 % de las empresas que se vieron afectadas. Además, algunos de los grupos más vulnerables identificados por nuestra investigación —como las empresas pequeñas y las empresas propiedad de mujeres— tenían menos probabilidades de recibir ayuda que otras empresas, debido en gran parte a que desconocían la existencia de los programas de apoyo.

Al iniciarse el segundo año de la pandemia, la demanda de ayuda se está incrementando a medida que aumenta la presión sobre los balances de las empresas. Por ejemplo, nuestros datos muestran que el 70 % de las empresas entrevistadas entre octubre de 2020 y enero de 2021 declararon tener dificultades para acceder a financiamiento.  La situación es especialmente dramática en África al sur del Sahara, donde el 10 % de las empresas que se han visto más gravemente afectadas solo disponen de efectivo suficiente para sobrevivir un día. Al mismo tiempo, la escasez de recursos fiscales obliga a los Gobiernos a tomar decisiones difíciles.

Entonces, ¿cómo pueden los países orientar la ayuda a las empresas mejor posicionadas para facilitar una recuperación impulsada por la productividad, reforzando al mismo tiempo los marcos de insolvencia y reestructuración de la deuda para prevenir una posible ola de quiebras?

Focalizarse en empresas viables

Decidir qué negocios son viables y cuáles no lo son siempre es difícil, más aún ahora, dados los cambios económicos estructurales que estaban en marcha antes de la COVID-19 y que la pandemia aceleró. Los sectores de la energía y el comercio minorista ofrecen dos ejemplos de este desafío. Cabe imaginar las difíciles decisiones a las que se enfrentan los responsables de las políticas cuando tratan de determinar la mejor manera de utilizar unos recursos limitados con el fin de preservar el mayor número posible de puestos de trabajo, evitar las repercusiones de una salida masiva de empresas viables y garantizar que la economía vuelva a ser más resiliente.

Con el fin de ayudar a los encargados de la formulación de políticas en este proceso, hemos identificado cinco principios clave para orientar el apoyo a las empresas en la próxima fase de la pandemia.  Este conjunto de principios los ayudarán a centrarse en las empresas viables pero vulnerables, es decir, aquellas que estaban saneadas antes de la pandemia y que ahora se enfrentan a dificultades financieras o a la insolvencia debido a la COVID-19. Es importante no apuntalar inadvertidamente a empresas que tenían problemas de viabilidad antes de la crisis.

El cuadro 1 ofrece una visión general del enfoque global sugerido para orientar la ayuda según los diferentes niveles de dificultad financiera.

Cuadro 1: Orientación e intervenciones necesarias en función de los distintos niveles de dificultad financiera
 

Tipo de empresaApoyo requeridoInstrumentos
Viable y sin problemas financierosNo se precisa un apoyo específico para abordar las dificultades financieras, pero las políticas generales de desarrollo de las empresas pueden seguir siendo pertinentes para lograr objetivos a más largo plazo (por ejemplo, la innovación, la adopción de tecnologías, las exportaciones, la participación de las mujeres, la economía verde y la economía circular).Diversos instrumentos destinados a mejorar el entorno empresarial, el acceso al financiamiento, la facilitación del acceso a los mercados y el desarrollo de las capacidades de las empresas. Flexibilización de las restricciones reglamentarias específicas del sector. También se puede recurrir a los procedimientos de preinsolvencia, cuando estén disponibles, en previsión de un aumento de las dificultades financieras.
Viable pero con dificultades financierasAyuda específica para resolver los problemas de liquidez.Apoyo a través de donaciones, préstamos, subsidios, aplazamientos de impuestos. También pueden ser necesarios los procedimientos de preinsolvencia.
Viable pero insolventeReestructuración de la deuda (posiblemente seguida de una ayuda específica).Procedimientos de reestructuración de la deuda que resultan beneficiosos tanto para la empresa como para los prestamistas, participación en el capital. Estos pueden incluir procedimientos extrajudiciales, formales e híbridos de insolvencia.
Inviable e insolventeLiquidación.Mejora de los procedimientos de insolvencia para reducir el costo de la quiebra y proteger los balances del sector financiero.


La viabilidad la determinan mejor las partes interesadas del sector privado —las que tienen un derecho potencial sobre la empresa y sus activos—, mientras que los Gobiernos pueden desempeñar el papel de convocante. La determinación de la viabilidad requiere varias consideraciones, entre ellas: la solvencia (sobre la base del balance o de la liquidez), la vulnerabilidad (si las dificultades financieras están relacionadas con la COVID-19), el tamaño de la empresa y su condición de mayor formalidad (el apoyo a las microempresas y a las empresas menos estructuradas se canaliza mejor a través de mecanismos de protección social).

Estos son los cinco principios:

  1. Los programas de apoyo a las empresas deben depender del Estado y estar vinculados a objetivos claros de recuperación, como el control del virus y la posibilidad de operar a plena capacidad. También deben incluir criterios sencillos y transparentes. Toda la ayuda debe basarse en datos en la medida de lo posible, evitando al mismo tiempo favoritismos indebidos hacia las empresas estatales.
  2. La información sobre los programas de asistencia, los marcos de insolvencia y las opciones de reestructuración debe comunicarse bien y ampliamente. La falta de conocimiento ha sido un impedimento clave para acceder al apoyo en materia de políticas, especialmente para los grupos desfavorecidos.
  3. La elección de los instrumentos de financiamiento para apoyar a las empresas —ya sea deuda, capital o una combinación de ambos— debe estar determinada por el tamaño de los pasivos financieros. Para las empresas viables con poca deuda, las garantías de préstamo deben seguir siendo el instrumento preferido, aunque con términos y condiciones menos generosos. En el caso de las empresas con grandes pasivos financieros, puede ser conveniente una combinación adecuada de financiamiento de capital/cuasicapital y reestructuración de la deuda. Incluso con ayuda, algunas empresas quizás necesiten reestructurar sus deudas.
  4. Unos marcos sólidos de insolvencia y reestructuración, incluidos los procesos de reestructuración de la deuda sancionados por los tribunales, las soluciones extrajudiciales (PDF, en inglés) y los procesos de quiebras simplificados para las pymes, pueden ayudar a resolver las dificultades financieras, mantener los recursos productivos y proteger la estabilidad financiera.

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