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EE.UU. nombra a una nueva encargada de negocios en El Salvador en medio de las tirantes relaciones con Bukele: ¿qué implicaciones tiene?

EE.UU. designó a Jean Elizabeth Manes como nueva encargada de negocios en El Salvador, en un momento difícil para la relación entre ambos países, debido a los crecientes roces entre la Casa Blanca y el Gobierno del Nayib Bukele.

Al oficializar su nombramiento, el secretario de Estado de EE.UU., Antony Blinken, recalcó que la relación con El Salvador es “fundamental” y que la mirada de Washington apunta, entre otros asuntos, a “abordar las causas fundamentales de la migración”. 

“Al nombrar a Jean Manes como Encargada de Negocios, tenemos a la líder ideal para nuestro trabajo con el gobierno, la sociedad civil y otros sectores para abordar estos desafíos”, aseveró Blinken. En la red social Twitter, la funcionaria recién designada respondió agradecida por el nombramiento y dijo estar lista para “fortalecer” la relación. Pero, ¿qué hay detrás de ese gesto?

Una comienzo turbulento

Si la relación entre Nayib Bukele y Donald Trump fue casi idílica, no puede decirse lo mismo de los vínculos del mandatario salvadoreño con el nuevo inquilino de la Casa Blanca. Desde la llegada de Biden, en enero de este año, los choques han sido constantes.

Más allá de los rumores que corrieron sobre la negativa de Biden de recibir a Bukele en Washington (desmentidos por el mandatario salvadoreño) o los cuestionamientos sobre el modo en que la Casa Blanca se refiere a Centroamérica, el punto más crítico de los desencuentros ocurrió el pasado 1 de mayo, cuando la Asamblea Nacional de El Salvador destituyó a cinco miembros de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia y al Fiscal General, Raúl Melara.

El recién instalado Parlamento, cuya mayoría está conformada por asambleístas afines a Bukele, tenía la potestad de hacer la remoción, sin embargo, fue una decisión cuestionada por la oposición. El argumento que esgrimen es que el mandatario estaría concentrando los poderes para su proyecto.

La Casa Blanca también rechazó la decisión, al igual que otros organismos internacionales, y pidió a la administración salvadoreña que la revirtiera. La respuesta de Bukele fue un rotundo no. En los días siguientes, la suspensión de las ayudas al Gobierno centroamericano por parte de la USAID y el desvío de los fondo para “organizaciones civiles” terminó de caldear la hoguera.

Ayer, en una conferencia de prensa, Bukele reiteró que las decisiones de la Asamblea Nacional eran irreversibles y destacó que su Gobierno no pedirá a EE.UU. que reoriente los recursos que le quitó a instituciones estatales, como la Corte Suprema de Justicia, la Fiscalía General, la Policía Nacional Civil y el Instituto de Acceso a la Información Pública, aunque hizo una importante salvedad: “Donde USAID quiera regalar su dinero puede hacerlo, mientras no sea financiando movimientos políticos de la oposición, porque es ilegal”.

En ese contexto de fricciones, ahora EE.UU. ha anunciado el nombramiento de Manes. El comunicado sobre la designación deja claro que es un gesto que refleja la importancia” de las relaciones con El Salvador, en vista del perfil de la diplomática, quien acumula 30 años de servicio, una “amplia experiencia en la supervisión de programas” de la Casa Blanca y “trae relaciones con una amplia gama de salvadoreños, desde el gobierno, la sociedad civil y el sector privado”.

Un fichaje “ideal”

El nombramiento de Manes aún no ha generado ninguna reacción de Bukele, habituado a usar las redes sociales para comentar casi de inmediato cualquier decisión que tenga que ver con su Gobierno.

Sin embargo, algunos medios locales se han referido de manera elogiosa a la diplomática, quien prestó servicio como embajadora en ese país hasta poco después de la llegada del actual mandatario salvadoreño. La Casa Blanca, además, ha considerado que su fichaje se encuentra en una posición “ideal”.

“Estos atributos [los de Manes] la sitúan en una posición ideal para trabajar en colaboración para mejorar las condiciones en El Salvador y abordar las causas fundamentales de la migración irregular”, detalla el texto oficial sobre su designación.

“Quiero reiterar el increíble valor y experiencia que la embajadora Manes aporta a El Salvador”, manifestó por su parte Brendan O’ Brien, quien en los últimos cinco meses se desempeñó como encargado de negocios en el país centroamericano, y ahora continuará en esa misma legación diplomática como ministro consejero.

Además de su paso por El Salvador, entre 2016 y 2019, Manes también ha cumplido funciones en otros países de América Latina como Argentina, Uruguay y Brasil. Ahora la diplomática liderará la misión en El Salvador hasta que se nombre a un nuevo embajador y el Senado le dé luz verde.

Los temas espinosos

En el centro de las tensiones entre Washington y San Salvador están dos temas fundamentales: la migración y la lucha anticorrupción, que la Administración de Biden ha erigido como bandera en los últimos meses para condicionar su respaldo en Centroamérica.

Y es que el Gobierno demócrata llegó a la presidencia con la promesa de romper con la política migratoria de su antecesor, que privilegió el enfoque de represión y los acuerdos con terceros países, como El Salvador, para facilitar las deportaciones. Sin embargo, la crisis no ha hecho más que agravarse en los últimos meses.

Las imágenes de centros de detención atestados y el aumento del número de menores no acompañados ha complicado la situación para Biden, al punto que nombró a su segunda a bordo, Kamala Harris, para encabezar las gestiones en ese sentido. 

Pero ha sido la misma Harris quien ha esgrimido duras críticas contra Bukele, lo que ha complicado la coordinación en esa materia con el mandatario. A principios de este mes, la vicepresidenta estadounidense escribió: “Nos preocupa profundamente la democracia de El Salvador, a la luz del voto de la Asamblea Nacional para destituir a los jueces de la Corte Constitucional. Un poder judicial independiente es fundamental para una democracia sana y para una economía fuerte”. Esas palabras fueron inmediatamente después de la decisión de la USAID, que justificó el retiro de su apoyo por las dudas “mayores en materia de transparencia y rendición de cuentas”.

La escalada pasó del discurso a la acción con la inclusión de funcionarios salvadoreños, entre ellos la jefa de Gabinete, Carolina Recinos, en una lista de “involucrados en actos de corrupción significativos“.

No obstante, en línea contraria a ese cortocircuito con EE.UU. hay un polo de atracción con China. La semana pasada, la embajada del país asiático en El Salvador destacó que los programas de asistencia que están en desarrollo en la nación centroamericana se ejecutan sin que impliquen “ninguna condición política“.

“China no ha utilizado nunca en el pasado ni utilizará en el futuro la asistencia exterior para interferir en los asuntos internos de otros países y mucho menos sacar beneficios propios. La cooperación entre China y El Salvador no se dirige a terceros“, refiere el comunicado de la delegación diplomática, que daba cuenta sobre el avance de varios proyectos financiados al país centroamericano, a través de créditos no reembolsables.

Frente al evidente contraste de las posturas de EE.UU. y China sobre El Salvador, la llegada de una funcionaria como Manes, semanas después de que el Parlamento salvadoreño ratificara el acuerdo marco de cooperación con Pekín, permite inferir que Washington busca un cambio de enfoque en la relación con Bukele. Mientras tanto, el país más pequeño de Centroamérica parece convertirse en un territorio en disputa entre dos potencias antagónicas.

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