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Biden anuncia que a partir del 19 de abril todos los adultos podrán recibir vacuna

Este martes, el gobierno anunció que a partir del 19 de abril los adultos de cualquier edad podrán recibir la vacuna, mucho antes de lo previsto por el presidente Joe Biden, quien desde que asumió la presidencia el 20 de enero hizo de la vacunación su prioridad.

Esto supone un adelanto respecto a la fecha del 1 de mayo que Biden había anunciado hace varias semanas. Cualquier adulto, sin importar la edad, condición médica o su ocupación, podrá acceder a la inmunización, algo que ya ocurre de manera informal.

Eso no significa, sin embargo, que cualquiera la vaya a obtener con facilidad puesto que aún persisten ciertos problemas de distribución.

La causa de este adelanto es el elevado ritmo de vacunación que está alcanzando el país.

En la última semana se han superado de media los tres millones de vacunas al día y el fin de semana se registró un récord con más de cuatro millones.

En enero se ponían medio millón de dosis diarias.

Este ritmo, sin embargo, no quiere decir que la pandemia esté controlada. De hecho, las autoridades federales alertan sobre la relajación de medidas en algunos estados e insisten en recordar el uso de mascarillas y en mantener la distancia social.

Hasta este martes, cerca de 556.000 personas habían muerto por coronavirus en Estados Unidos, el país que más ha sufrido la pandemia.

Cuantos más casos, más posibilidades del desarrollo de variantes, de ahí que la vacunación sea fundamental.

Aquí repasamos algunas de las claves de este veloz ritmo de vacunación en el país.

1. Acuerdos previos con 3 vacunas “made in USA”

Estados Unidos cuenta con la ventaja de haber aprobado tres vacunas que se producen en el país. En diciembre, se dio luz verde a las de Pfizer y Moderna, que requieren dos dosis, y en febrero la de dosis única de Johnson&Johnson.

Y eso facilitó también los acuerdos con el gobierno. La administración de Donald Trump, entonces presidente, compró a final del año pasado millones de dosis antes incluso de que las vacunas de Moderna y Pfizer fueran aprobadas.

Ese adelanto hizo que una vez que recibieron la aprobación de las autoridades sanitarias, se aceleraran los procesos de distribución y que las farmacéuticas se dedicaran casi por entero a la producción de viales para su uso en Estados Unidos.

Moderna y Pfizer empezaron a fabricarlas antes de que terminaran los ensayos clínicos.

Con lo que se llamó “Operación Warp Speed”, el gobierno de Trump trabajó de forma conjunta con diversas compañías para desarrollar vacunas que aún estaban en proceso de ensayo con el fin de acortar tiempos de producción y distribución si finalmente funcionaban.

Moncef Slaoui, que dirigió la operación, reclamó el crédito para el anterior gobierno de Trump.

“El 90% de lo que está pasando ahora es el plan que hicimos nosotros”, reivindicó Slaoui en televisión recientemente.

“Logramos 100 millones de dosis de la vacuna y las opciones en los contratos para adquirir más una vez que fueran efectivas”.

Pero Estados Unidos no se queda ahí y aún se espera autorización para las vacunas de AstraZeneca y Novavax. De obtener el visto bueno, habría más vacunas disponibles y aumentaría el ritmo de vacunación.

Además, las vacunas disponibles no están autorizadas para menores de 16 años, pero Pfizer ya mostró resultados prometedores en una vacuna para niños.

2. El efecto Biden

Aunque el líder demócrata aprovechó en parte lo hecho por el gobierno de Trump, puso la vacunación masiva del país como meta principal en su agenda.

La idea era frenar lo más rápido posible los casos y las muertes, y poder así reactivar la economía.

Según los datos de los CDC, hasta el lunes 5 de abril, 107,5 millones de personas habían recibido al menos una dosis, incluyendo a 62,4 millones con la inyección única de Johnson& Johnson y las dos de Pfizer-BioNTech o de Moderna.

El 26 de enero, cuando Biden llevaba apenas seis días en el cargo, 20 millones de personas habían recibido la primera dosis y 3,5 la segunda, según los datos de los CDC.

A comienzos de marzo, Biden logró un triunfo político al anunciar el acuerdo entre Johnson&Johnson y su rival Merck, el segundo productor de vacunas del mundo que ahora fabrica la de su contrincante tras fracasar en su intento de tener su propio vial.

Originalmente el contrato de Johnson&Johnson por US$1.000 millones negociado el año pasado por el gobierno de Trump decía que la firma suministraría suficientes dosis para 87 millones de estadounidenses para final de mayo, lo que unido a las otras dos vacunas supondría para entonces que habría vacunas para todos los adultos del país.

Pero Johnson&Johnson no cumplió con las expectativas, lo que llevó a la Casa Blanca a intervenir. De ahí el acuerdo con Merck, que por ello recibirá financiación del gobierno.

“Este es el tipo de colaboración entre empresas que vimos en la Segunda Guerra Mundial”, comparó Biden.

El gobierno empezó a trabajar con Johnson&Johnson poniendo a disposición de la compañía un equipo de expertos para monitorear la producción y el apoyo logístico del Departamento de Defensa.

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