Libertad

Todos aspiramos a la libertad. Pero en el fondo, ¿qué es la libertad? ¿Será la ausencia total de prohibiciones, como a veces se piensa? ¿Es hacer lo que uno desea? Los que sin restricción se entregan a sus inclinaciones a menudo terminan solos e infelices. Se creen libres, pero deben aprender que desde su nacimiento son esclavos del pecado e incapaces de liberarse a sí mismos. No todos estamos bajo la esclavitud del alcohol, de la droga, del dinero, del juego, del sexo u otras adicciones. Sin embargo, Jesús dice algo que se aplica a cada uno de nosotros: “Lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez” (Marcos 7:20-22). La fuente del mal que hacemos, cualquiera que este sea, está en nuestro corazón.

Por medio de su vida ejemplar, Jesús mostró lo que era la verdadera libertad. Él encontraba su gozo en practicar el bien, haciendo lo que agrada a Dios.

Sin embargo, su vida pura y santa no podía librar al hombre de la esclavitud del pecado. Para salvarnos, Jesús tuvo que dar su vida. Pagó un precio muy alto: en la cruz sufrió el castigo de Dios por nuestros pecados. ¡Jesús es nuestro gran libertador! Pongamos nuestra confianza en él. “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36).

Números 24 – Lucas 4:16-44 – Salmo 83:9-18 – Proverbios 19:13-14

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