¡Jacob, Jacob! (3)

 Jacob ya era anciano y estaba marcado por el sufrimiento ligado a la misteriosa desaparición de su hijo José. Habían transcurrido muchos años desde que reconoció su túnica manchada de sangre. De repente se enteró de que José no estaba muerto, que se encontraba en Egipto, y que incluso era el gobernador del país. Entonces Jacob declaró: “Iré, y le veré” (Génesis 45:28). Partió, pero, invadido por la duda, hizo un alto al llegar a la frontera del país. ¿Era Dios quien lo estaba enviando a Egipto? Entonces Dios lo animó repitiendo su nombre: “Jacob, Jacob”. El Señor, sabiendo lo que acontecía en su corazón, lleno de simpatía lo socorrió en el momento oportuno (Hebreos 4:16). Le dijo que no temiera dar ese paso decisivo, y le prometió acompañarlo: “Yo descenderé contigo” (Génesis 46:4). Jacob permanecería en Egipto hasta el final de su vida.

Aplicación: Hay etapas difíciles de atravesar, en particular cuando uno debe escoger un nuevo camino o cuando se llega a la vejez y la energía falta. Entonces, como Jacob, hagamos un alto para llevar nuestras dificultades al Señor. Escuchemos su voz que nos llama por nuestro nombre. Él conoce nuestras dudas, nuestros temores, y quiere acompañarnos en ese camino que, si bien nos parece tan difícil, está colmado de esperanza, pues vamos hacia la casa del Padre. Él prometió: “Hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo” (Isaías 46:4).

(continuará el próximo martes)

Isaías 3-4 – Gálatas 1 – Salmo 37:35-40 – Proverbios 12:19-20

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