¿Por qué lloraba?

En la Biblia, el apóstol Juan nos relata una visión grandiosa. Siendo llevado ante Dios, quien estaba sentado en su trono, en la majestad de su poder, vio en su mano un libro cerrado con siete sellos que contenía todo su plan para el futuro del mundo: primero los juicios sobre el mal, y luego grandes bendiciones.

Sin embargo, nadie podía abrir ese libro. De ahí el llanto de Juan. ¿Se había destruido el plan de Dios? ¿El universo nunca vería la bendición de Dios? Si este fuera el caso, habría razones para llorar.

Hoy en día, la desesperación llena el corazón de muchos hombres y mujeres. Cada uno espera la llegada de un hombre providencial que pueda restablecer la justicia y mejorar definitivamente la suerte de la humanidad. Pero las esperanzas se desmoronan una tras otra. Las promesas electorales de un mañana mejor raramente se cumplen, y el poder se corrompe rápidamente. ¿Qué queda, sino la desesperanza y el hastío de la vida?

Pero la visión de Juan no se detuvo ahí. Jesucristo, el Dios Hombre, el gran Vencedor, abrió el libro. Él juzgará al mundo, y luego traerá la justicia y la bendición a la tierra.

Hoy, mientras la humanidad se desespera y corre hacia su destrucción, Dios anuncia a todos que Jesús, quien murió y resucitó, obtuvo la victoria. El que cree en el Señor Jesús se beneficia de esta victoria y es salvo. Forma parte del cortejo de los vencedores y canta su triunfo: “Digno eres de tomar el libro…”.

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