Velad

Debemos velar para no dejarnos sorprender por el diablo, que “anda alrededor” de nosotros; debemos velar como aquellos que esperan a su señor, velar manteniéndonos en oración: “Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias” (Colosenses 4:2). “Velad, pues, en todo tiempo orando” (Lucas 21:36). Tenemos que velar siendo sobrios. “Sed sobrios, y velad” (1 Pedro 5:8). “Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios” (1 Tesalonicenses 5:6).Vela a la aurora, cuando el claro cielo,Un día calmo deja entrever;En tu entorno puede rugir el trueno,Que al peregrino hace caer.Vela de día, cuando el ruido llega,Y el celestial destino se nubla;Con Cristo a solas un instante buscaEn la oración y en su amor.Vela de noche, llegado el silencio;Del celestial Amigo, el corazón,Con fervor busca siempre su presencia,Derrama ante él tu turbación.En todo tiempo y lugar siempre vela,El enemigo te quiere acechar,La santa morada, ocupar espera,Donde el Señor debe reinar.

“Bienaventurado el que vela” (Apocalipsis 16:15).

“Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad” (Marcos 13:37).

“Velad conmigo” (Mateo 26:38).

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