Invocar el nombre de Jesús

“Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Joel 2:32Hechos 2:21). En todo tiempo, el que ha clamado a Dios ha sido escuchado: “Invócame en el día de la angustia; te libraré” (Salmo 50:15). Cada uno puede experimentarlo, porque Dios no cambia. Tan pronto como nos dirigimos a Dios con sinceridad, él nos ayuda en cada situación: sea en medio del sufrimiento, la violencia, el hambre, la enfermedad, la desesperación…

El nombre de “Jesús” significa «El Eterno salva». Jesús no solo fue enviado para mostrarnos la salvación de Dios, sino que él mismo es esa salvación, él mismo es ese Dios que salva. Y su nombre no puede estar separado del objetivo de su venida: “porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Jesucristo vino, pues, para librarnos de nuestros pecados. Por supuesto, él también conoció el sufrimiento de los seres humanos y se compadeció de ellos, pero su objetivo esencial era librar a los hombres de sus pecados. Por eso dijo a un paralítico: “Tus pecados te son perdonados”. Y luego agregó: “Toma tu lecho, y vete a tu casa” (Lucas 5:2024).

Tal vez algunos se sienten incómodos al escuchar esta precisión sobre el sentido de la misión del Señor Jesucristo, e incluso les irrita que siempre se lo recuerden. Sin embargo, ahí está lo esencial de lo que Jesús vino a traer… Y todo el Nuevo Testamento lo confirma.

¿Creemos en Cristo? ¿Podemos confiar en él y aceptar sin alteración la totalidad de su mensaje? Si así es, entonces somos “cristianos”. Y recibimos felices esta palabra: “Tus pecados te son perdonados”.

Génesis 26 – Mateo 15:1-20 – Salmo 16:1-6 – Proverbios 4:14-19

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