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El papa deja Japón y vuelve a Roma, expresando su rechazo al arma nuclear

El papa partió este martes rumbo a Roma desde Japón, poniendo fin a un viaje muy personal centrado en su rechazo a la bomba atómica y durante el cual planteó los interrogantes que suscita el uso civil de la energía nuclear.

El punto álgido del viaje de cuatro días al archipiélago japonés, al que soñó con ir de joven como misionero, fue su emotivo encuentro en Nagasaki e Hiroshima con los supervivientes de las bombas atómicas lanzadas sobre estas ciudades en 1945.

Francisco calificó de “crimen” el uso del átomo con fines militares y condenó la idea de que la posesión de la bomba atómica disuada los ataques.

Saludó uno por uno a los supervivientes del fuego nuclear, llamados “hibakusha” en Japón. Habló con algunos y a otros les estrechó la mano. A una mujer que lloraba la abrazó.

“Aquí, en el destello de un relámpago de fuego, no quedaron más que sombras y silencio de tantos hombres y mujeres, de sus sueños y de sus esperanzas” dijo el papa en Hiroshima, donde el 6 de agosto de 1945 fue lanzada por Estados Unidos una bomba atómica por primera vez en la historia.

– El horror de la guerra –

La denuncia del horror de la guerra y de las armas es un grito recurrente no sólo del argentino Jorge Bergoglio sino también de los papas que le precedieron.

Pero un claro rechazo a la teoría de la disuasión nuclear constituye una ruptura con el pasado. Ante la ONU en 1982, Juan Pablo II definió esta doctrina como un mal necesario “en las condiciones actuales”.

Francisco ha fustigado de forma general “la carrera armamentística”, que “despilfarra preciosos recursos”.

Su visita permitió a los supervivientes de las bombas atómicas hablar de sus terribles secuelas físicas y psicológicas.

“Aún sobreviviendo, uno no podía vivir como humano ni morir como humano”, había explicado Sakue Shimohira, de 85 años, en Nagasaki, ciudad bombardeada el 9 de agosto de 1945.

En Hiroshima, en un mensaje leído por él ante el papa, Koji Hosokawa, que tenía 17 años en 1945, recordó los “prejuicios” que aislan a las víctimas irradiadas, exhortando al mundo a comprender que “las bombas atómicas fueron lanzadas no solamente sobre Hiroshima y Nagasaki sino también sobre la humanidad entera”.

Cuando era niño, Francisco se había impregnado de esta idea, desde su lejana Argentina, al ver las lágrimas de sus padres cuando supieron que se había producido el bombardeo nuclear en Japón.

– “Triple desastre” –

Francisco también consoló el lunes a las víctimas de la catástrofe del 11 de marzo de 2011 en el noreste de Japón, que calificó de “triple desastre” (sismo, tsunami, accidente nuclear).

Ese día, un terremoto submarino causó una ola gigante que se llevó por delante a más de 18.500 personas y golpeó la central de Fukushima, causando el peor accidente nuclear de la historia después del de Chernóbil (Ucrania) en 1986.

Entonces habló de la “preocupación” suscitada por el uso de la energía atómica y pidió una mayor movilización para ayudar a las 50.000 personas desplazadas por la contaminación nuclear en su región.

El lunes también mantuvo un encuentro con jóvenes, celebró una misa ante 50.000 personas en Tokio y se reunió con el nuevo emperador Naruhito, así como con el primer ministro japonés Shinzo Abe.

Pese a oponerse claramente a la pena de muerte, Francisco no dijo sin embargo nada al respecto, de forma pública, durante su viaje a Japón, donde aún se practica la pena capìtal.

En su gira asiática el jefe de la iglesia católica visitó asimismo Tailandia, un país que al igual que Japón cuenta con una comunidad católica ultraminoritaria (menos del 0,6% de la población de estos dos Estados).

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