Las tormentas de la vida

Cierta noche de verano, una fuerte tempestad se abatió sobre el camping. Temblando, mis dos hijos se apretaron contra mí en la tienda de campaña. Entonces pensé en las tormentas que podemos atravesar en la vida: duelo, problemas de salud, desempleo, separaciones… También puede tratarse de tormentas espirituales que afectan nuestras convicciones.

Cualquiera que sea la tempestad, en Dios tenemos nuestro refugio y nuestra protección. La actitud de mis hijos me habló al corazón. Ellos buscaron protección en mis brazos. ¿Busco la presencia de Dios cuando atravieso una prueba?

Las tormentas que nos sobrevienen pueden tener muchas causas. Pueden ser provocadas por un pecado. Entonces debemos volvernos a Dios y apartarnos del mal. “Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados” (1 Juan 1:9).

Sin embargo, no toda tempestad está ligada necesariamente a un pecado. Dios también la permite cuando estamos unidos a él. Es la prueba de la fe –pues quiere ponerla en evidencia–, cuyo resultado será para la gloria del Señor (1 Pedro 1:7). La Biblia da numerosos ejemplos de creyentes fieles que atravesaron diferentes pruebas. Es el caso de Job (Job 1:8); sus tribulaciones le enseñaron lo que él mismo era: “Me aborrezco” (Job 42:6), y le mostraron la compasión y la misericordia de Dios (Santiago 5:11).

A menudo ignoramos el motivo de las tormentas. Pero confiando en el Señor podemos atravesarlas serenamente. Incluso podremos regocijarnos en Dios antes de comprender el objetivo que él persigue y la bendición que desea darnos.

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