Niña hondureña se suicida en #EEUU, luego que su padre fuera detenido por migración

A Heydi Gámez García la encontró su tía pasada la medianoche. En las últimas semanas, Heydi, una inmigrante hondureña de 13 años, se había deprimido mucho porque su padre estaba detenido desde principios de junio cuando lo atraparon cruzando ilegalmente la frontera sur.

Era su tercer intento en cuatro años para llegar a Estados Unidos y reunirse con su única hija, que vivía con sus hermanas en Nueva York. Pero los días se convirtieron en semanas y los familiares dicen que cuando pasó más de un mes sin que lo liberaran, la niña empezó a perder sus esperanzas.

Alrededor de las 10:30 de una noche reciente, Heydi se encerró en una habitación y dijo que quería estar sola. Una hora y media después, su tía Zoila abrió la puerta para ofrecerle un bocadillo. Pensó que tal vez unas galletas y leche la alegrarían.

Pero la cama con sábanas azules y violetas estaba vacía. Zoila se asomó por la ventana y después vio hacia el clóset en el otro extremo de la habitación: ahí estaba Heydi, colgada del cable de un cargador de teléfono.

Estaba inconsciente, al borde de la muerte. No había dejado una nota, nada que explicara por qué había intentado acabar con su vida. “Era tan inteligente que no tiene sentido que tomara una decisión como esta, una decisión tan alejada de su carácter”, dijo Jéssica Gámez, de 32 años, la tía con la que vivía Heydi en la localidad de Brentwood que está en Long Island. “Pensé que estaría más segura aquí conmigo que en Honduras”.

La historia de Heydi es muy parecida a la de miles de familias centroamericanas que en los últimos años han llegado a los Estados Unidos con el fin de solicitar asilo para escapar de la tumultuosa realidad de sus países, y con la esperanza de que los desafíos de construir una nueva vida en un país ajeno no sean mayores que los que han dejado atrás.

La madre de Heydi abandonó a la familia cuando apenas tenía dos meses de nacida; sus abuelos, que la criaron en Honduras, murieron. Heydi estuvo entre quienes encontraron a su abuelo agonizando en la calle después de un ataque de pandilleros. Luego se mudó a Nueva York y experimentó los retos normales de la adolescencia al ir a una nueva escuela y tener que aprender inglés. Pero más que otra cosa, dicen sus amigos y familiares, extrañaba a su papá.

“Heydi estaba tan emocionada cuando le dijo que iba a venir. Creo que la idea de que su papá estuviera aquí era como un refugio para ella”, dijo Erika Estrada, de 25 años, que conocía a Heydi de la Iglesia del Evangelio del Tabernáculo en Brentwood. “Perdió a sus abuelos, su madre la abandonó y tenía todo este amor de hija que no podía darle a sus tías o tíos, solo a él”, dijo Estrada.

Desde hace mucho tiempo, la historia de la inmigración estadounidense ha estado marcada por las familias divididas: uno de los padres viaja a trabajar a Estados Unidos, los niños y esposas a menudo se quedan en casa. En años anteriores, los trabajadores migrantes volvían a sus países al final de la temporada y luego regresaban. Pero la fortificación de la frontera luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001 y el aumento de las medidas de seguridad de los años posteriores han hecho que esos regresos sean mucho más complicados. En muchas familias, los hijos quedan separados de sus padres durante años, a menudo de por vida.cortesíanytimes.es

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