Fe e inteligencia

Si usted pregunta a personas cristianas sobre su conversión, descubrirá que cada una tiene una historia diferente. Unos fueron interpelados repentinamente por un versículo de la Biblia, otros comprendieron poco a poco el mensaje del Evangelio, y otros pasaron por un camino doloroso lleno de largas luchas interiores.

¿Qué papel desempeña la razón en esta búsqueda de Dios? ¿Hay que dejarla de lado o apoyarse en ella? El científico Pascal escribió: «Dos excesos: excluir la razón y no admitir más que la razón». Ambas cosas conducen a un callejón sin salida. Querer apoyarse solo en la razón para buscar a Dios es una pretensión vana e ilusoria. Dios no es una idea que podamos probar, sino un ser con respecto al cual tomamos una determinación.

Llega un momento en que nuestra razón tropieza, y para avanzar debemos dar el salto de la fe. ¡No es un salto al vacío, sino un salto a los brazos de un Dios de amor!

Por el contrario, el creyente corre el riesgo de depender de la experiencia del momento y apoyarse en sus emociones pasajeras. En sus cartas el apóstol Pablo, inspirado por Dios, siempre intenta iluminar el corazón y la inteligencia. No se trata de razonar sobre Dios, sino de recibir su revelación con respeto y confianza. Esta revelación no deja de lado la razón, sino que abre nuestra inteligencia para ver “cosas que ojo no vio, ni oído oyó… las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Corintios 2:9).

Comentarios de Facebook