#FreddieMercury, la cruel agonía del mejor cantante del siglo XX

Tras el lanzamiento del álbum «Kind of Magic», en junio de 1986, Freddie Mercury empezó a notar que algo no iba bien en su cuerpo.

Empezó a temer que tuviera que ver con esa extraña enfermedad que nadie sabía de dónde venía pero que no paraba de propagarse, el SIDA, y unos meses después, en la primavera de 1987, acudió al médico para hacerse las pruebas. El resultado: era portador del VIH.

El cantante ocultó su enfermedad durante cuatro años y medio con la ayuda de sus compañeros Brian May, Roger Taylor y John Deacon, e incluso llegó a negarla cuando se le preguntó al respecto en una entrevista con el tabloide The Sun.

Llevó su tratamiento en el más estricto secreto, y durante años nadie supo que le hacían llegar por avión las medicinas más avanzadas desde Estados Unidos. Pero llegó un momento en el que nada podía hacer para ocultar su deterioro.

Según Brian May, «cuando vio que nada podía hacer dejó de tomar todas las pastillas excepto los analgésicos para el dolor. Fue triste y muy duro aceptar que no había una solución».

Su aspecto físico en el videoclip de «I’m going slightly mad», single del disco «Innuendo» lanzado en marzo de 1991, impresionó a muchos.

Había adelgazado mucho, y a pesar de su inagotable carisma escénica parecía cansado. Esta sufriendo en silencio, y mucho.

«El peor problema era el de su pie», recordaba May. «Trágicamente, quedaba muy poco de él. Una vez nos lo enseñó durante la cena y dijo: ‘Vaya Brian, perdona si te he molestado enseñándote eso'”, relata el músico, de 69 años. “Yo le contesté: ‘No estoy molesto, Freddie, excepto por haberme dado cuenta de que tienes que aguantar todo este terrible sufrimiento», rememora el guitarrista.

Lo más trágico es que según May, el cantante estuvo a sólo unos meses de hallar algo de esperanza para su salud, ya que un año después se logró un gran avance con los medicamentos retrovirales: «Si esas pastillas hubiera llegado antes, Freddie seguiría entre nosotros».

Él, a pesar de todo, siguió trabajando hasta el final haciendo honor al lema de «The show must go on».

Así lo relató el productor de «Made in Heaven», publicado cuatro años después: «Me dijo que no le quedaba mucho tiempo, pero que quería grabar sus voces para que el resto del grupo pudiera terminar el disco. Se estaba muriendo cuando cantó esas canciones, y sabía que estaría muerto cuando se publicaran. Aun así me dijo: “Tú ponme una caja de ritmos, que mis compañeros terminarán el trabajo más tarde”». cortesíaabc.es

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