Reino Unido recibirá a Trump con numerosas protestas en todo el país

Iba a ser una visita de estado y finalmente será tan solo una de trabajo. Iba a ser agasajado en Londres por el Gobierno británico y ni la capital británica va a pisar. Donald Trump, junto a la primera dama Melania Trump, visitará por primera vez desde que es presidente Reino Unido y lo hará en, seguramente, el peor momento en las relaciones entre ambos países en muchos años.

Aunque el principal escollo a que esta visita se produjese está en las calles del país. Las decenas de manifestaciones que se celebrarán desde esta misma noche con epicentro en Londres, y que se repartirán a lo largo de todos los lugares que visite el presidente, donde miles de personas saldrán a decirle al mandatario estadounidense que no es bienvenido a Gran Bretaña, dejan claro que Trump quería evitar a toda costa pisar la ciudad del Tamesis.

En ella sobrevolará mañana, en pleno Westminster, un globo gigante con su silueta en forma de bebé parodiándole y que surcará los cielos durante varias horas después de que los organizadores de las protestas consiguieran la autorización pertinente. Él mientras estará en la residencia campestre de la primera ministra, en Chequers reunido con una Theresa May, que ya esta noche le intentará agasajar con una cena de etiqueta en el Blenheim Palace, la casa donde nacio el expremier Winston Churchill, en plena campiña británica. Allí Trump será recibido por bandas militares y por la «Royal Regiment of Scotland».

Ya mañana, May y el presidente estadounidense tendrán un almuerzo de trabajo antes de que este se dirija al Castillo de Windsor, donde tomará el té con la reina Isabel II. El fin de semana queda reservado para su viaje privado a Escocia, donde se prevé que el mandatario y su esposa se relajen jugando al golf en los propios campos que el posee en esta región.

Desde el Gobierno británico han querido mostrar la gran oportunidad de esta visita para reforzar esas relaciones maltrechas desde hace unos meses con el Ejecutivo de Trump. En un comunicado previo a la llegada de este, May, aseguraba que «no habrá en los próximos años una relación más importante» que la bilateral entre estos dos países, y destacaba «la oportunidad de profundizarla» estos días.

Por si fuera poco, Trump ya incendió su llegada a Reino Unido, donde la líder conservadora trata de salvar su cabeza y superar una crisis cada vez más grande tras la dimisión de dos ministros, al declarar que se enfrenta a un país «convulso» y sugiriendo que quizás se reúna con Boris Johnson, uno de esos ministros que renunciaron y al que considera un «buen amigo».

Por supuesto, el despliegue de seguridad será inmenso y tendrá un coste aproximado de 12 millones de libras, unos 14 millones de euros, con más de 4.000 agentes movilizados en las áreas que visitará el mandatario. La policía se ha asegurado, además, de prohibir temporalmente que los aviones sobrevuelen esas partes de Reino Unido donde se encuentre un Trump que desembarcará con todo su séquito de asesores y miembros de su Gobierno para los que se han reservado 750 habitaciones de hotel y que utilizarán 2 aviones, 6 helicópteros y hasta 30 coches, entre los cuales se encuentra el conocido como «La Bestia», la limusina privada del presidente que resiste todo tipo de ataques.

ABC INTERNACIONAL

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