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China contraataca la guerra de Trump

Sin esperar a ese plazo inicial de 30 días para negociar que anunció hace apenas dos semanas, China ha terminado cumpliendo sus amenazas. Ha decidido elevar de forma significativa los impuestos de 128 productos procedentes de Estados Unidos, algunos básicos en la cesta de la compra, como el cerdo, el vino o la fruta fresca. De esta forma Pekín aplica el ojo por ojo a Washington, alimentando los temores del inicio de una guerra comercial entre las dos mayores economías del planeta.

China mueve ficha en respuesta a las tasas contra el acero y el aluminio que Donald Trump había anunciado en marzo. El Ministerio de Finanzas anunció la medida a última hora del domingo, hora de Pekín, y los aranceles entraron en vigor este mismo lunes. Según la lista provisional publicada hace diez días, el valor de los impuestos es de más de 3.000 millones de dólares (2.400 millones de euros).

La mayoría de los productos afectados, como algunas frutas frescas, frutos secos o el vino, tendrán ahora un gravamen del 15 %. Otros, entre los que se encuentran la carne congelada de cerdo o el aluminio reciclado, estarán sujetos a una tasa del 25 %.

En un comunicado publicado en su página web, el Ministerio de Comercio chino aseguró que estas medidas van destinadas «a salvaguardar los intereses del país y de su industria». En él acusa a Estados Unidos de «violar gravemente los principios de no discriminación, piedra angular del sistema multilateral de comercio», en referencia al diferente criterio que tomó el presidente estadounidense al decidir la imposición de aranceles. Porque el mismo día que volvía a anunciar nuevas tasas para productos chinos, congeló (aunque temporalmente) las que había anunciado para la UE.

«El impacto hasta ahora no es muy grande, lo que podría indicar que China está tratando de rebajar la tensión ante una guerra comercial. Trump golpeó primero y de forma muy brusca, y China contraataca, pero de forma menos intensa», asegura a La Voz Shi Yinhong, economista en la Universidad Renmin de Pekín.

Trump ha amenazado con continuar la ofensiva gravando con hasta 50.000 millones de dólares más importaciones chinas para reducir el enorme déficit comercial con el gigante asiático. En ese caso, Pekín respondería en la misma línea, según los analistas, penalizando la soja, los componentes de automóvil y las compras de aviones Boeing.

Aunque China apeló de nuevo este lunes a resolver las diferencias entre ambas potencias a través de «la negociación y el diálogo», de momento no hay nada que indique que se esté trabajando en esa vía. La semana pasada, la nueva cabeza pensante del renovado ejecutivo de Xi Jinping, Liu He, advirtió al secretario del Tesoro de EE.UU., Steven Mnuchin, que su país estaba dispuesto a defenderse de las tarifas estadounidenses y pidió que ambos lados «sigan siendo racionales».

El principal argumento de Estados Unidos para justificar los aranceles es la falta de protección de la propiedad intelectual de China. En una reciente rueda de prensa al término de la Asamblea Nacional en Pekín, el primer ministro chino aseguró que su país «está comprometido en seguir protegiendo la propiedad intelectual y en seguir abriendo su economía, para frenar el déficit comercial», en clara referencia a las medidas que ya estaba barruntando Trump.

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